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viernes, 10 de septiembre de 2021

10 de septiembre: Día del suicidio.

“No puedo más. No tiene sentido continuar. Siento un gran vacío. Lo mejor es quitarme del medio. Solo quiero parar, no sé… Es abrumadora la sensación de derrota y vacío. Ya me he cansado. Mi vida está vacía de la mañana a la noche. Apenas me levanto de la cama porque al mundo le es igual y a mí también. No veo la salida.

Estas palabras son reales y todas ellas de personas que llegan a ese punto en el que creen que nada puede cambiar y lo más preocupante, la creencia de que de ellos no depende dicho cambio.

El suicidio ha sido y es un tema tabú.

En la actualidad aparte de los suicidios en la población en general, ha aumentado el número de adolescentes que se suicidan o lo han intentado. Con la pandemia se ha agravado.

¿Qué está ocurriendo?

Nos encontramos en la sociedad del bienestar, de la información, de la divulgación, de las redes sociales. Una época en la que invertir en uno mismo ya no es visto como un acto de egoísmo. Entonces, ¿a qué se debe?

¿Creen los adolescentes que su valor como persona depende del éxito en las redes sociales o de su popularidad?  ¿Necesitan el reconocimiento externo?

¿Poca tolerancia a la frustración?

Tal vez lo que necesiten es tener una mejor autoestima, saber que el mayor reconocimiento es el que ellos mismos se pueden dar y que nada de fuera puede llenar las inseguridades y vacíos propios de la edad.

Es evidente que algo falla, es evidente que la sensación de vacío es una alarma que jamás hay que ignorar.

El suicidio ya es la primera causa de muerte no natural por delante de los accidentes de tráfico.

Muchas de estas personas han tenido una infancia traumática, pero no nos equivoquemos, en muchos otros casos no ha sido así. La mayoría de ellas tampoco tienen un trastorno mental, entonces, ¿qué es lo que hace que una persona tenga la fortaleza mental de continuar, de una que tira la toalla y cree, piensa y siente que la única salida es suicidarse?

No hay una clara respuesta para esta cuestión, pues influyen múltiples factores, biológicos, genéticos, psicológicos, sociales, culturales y medioambientales.

Pero sí podemos intuir que hay personas que ante la adversidad, ante el más difícil momento de sus vidas, se dicen; “no puedo más, no quiero seguir así. No sé cómo ni cuándo, pero voy a salir de aquí.”

Sin embargo, otras se dicen: “No puedo más, no puedo seguir así, no hay nada que yo pueda hacer y si lo hay no tengo fuerza ni la esperanza de que algo pueda cambiar”.

Personas que no quieren morir, pero no quieren seguir viviendo de la misma manera. Por ello, es importante sacar a la luz esta problemática que aparece tímidamente en los medios de comunicación y en las conversaciones del día a día.

Hablemos del suicidio, no solo el 10 de septiembre, todos los días, en la familia, a nuestros hijos, en el trabajo, en terapia, en los medios de comunicación, en las tertulias.

Hablemos del suicido como hablamos del cáncer, o de los accidentes de tráfico o de la violencia de género.

Hablemos sin miedo a pronunciar esa palabra. Es la única manera de quitarle el estigma que tiene.

Atrevámonos a decirle a alguien de confianza: me siento mal, llevo un tiempo que no veo la manera de salir de este estado emocional o de esta situación. Se me pasa por la cabeza quitarme del medio. Lo pienso… no lo he planificado todavía, pero lo pienso a menudo.

De esta manera, comprenderemos que esa persona que parece que no lo va a llevar a cabo al menos de momento, sí se encuentra ya en la fase de ideación suicida y puede que dentro de un tiempo cuando algo le ocurra, sea el detonante que le lleve a planificarlo y ejecutarlo. Y si no lo dice, si no lo expresa, las personas de su alrededor no se darán cuenta.

Muchos suicidios podrían evitarse si las personas se atrevieran a decir que lo están pensando. Intervenir en la fase de ideación no es lo mismo que en la fase de planificación y mucho menos cuando la persona ya lo ha intentado y no le ha salido bien.

No somos más débiles, todo lo contrario. Hay que tener mucho coraje para decir: “No puedo, necesito ayuda”.

No quitemos nunca importancia a sus palabras de abatimiento y desaliento.  Entendamos que no importa la situación que esté viviendo: pérdida de un ser querido, divorcio, quiebra de su empresa, su sensación de poca valía etc… No olvidemos que dentro lleva su infierno particular, del que no sabe salir y lo peor, de donde cree que no puede salir.

Siempre hay salida, siempre.

Ya lo dijo Victor Frankl, en su obra “El hombre en busca de sentido”. Si encuentras un propósito, hallarás fuerzas para atravesar el sufrimiento y ya no será un sinsentido.

Y es que cuando la vida deja de tener sentido es cuando la alarma se enciende, cuando las sirenas suenan y justo ahí es donde hay que mirar dentro de uno mismo y afrontar el dolor que lleva dentro. Por ello, pídenos ayuda para atravesar al otro lado, donde te espera la liberación y la paz que jamás pueden habitar  junto al sufrimiento insoportable.

Con mucha responsabilidad, hablemos del suicidio.


Autora: Maribel Ruiz, Psicóloga General Sanitaria CV.18311.

martes, 22 de junio de 2021

Pandemia y Prevención del Suicidio.

1.- Unas reflexiones sobre la situación excepcional actual de Pandemia

Estamos viviendo una situación absolutamente insólita e inesperada que genera incertidumbre y desasosiego.

Estamos viviendo un momento histórico que va a marcarnos para siempre. Un momento histórico que muchas voces califican de devastador, tanto como para compararlo con la II Guerra mundial.

Se trata de una situación que nos ha hecho tomar conciencia de algo que ya sabíamos pero que, a menudo, olvidamos: nuestra vulnerabilidad, nuestra fragilidad, tanto individual como colectiva.

Los SENTIMIENTOS que surgen como consecuencia de esta situación son:

1)- El MIEDO y  la ANSIEDAD GENERALIZADA que bloquean a quien los padece.

2)- Gran TRISTEZA, tan grave, que puede desembocar en una DEPRESIÓN.

3)- Sentimiento de INDEFENSION, cuya consecuencia inmediata es creerse en absoluto desamparo, en definitiva, pensar que cualquier acción defensiva que se emprenda será inútil. Y esto ocurre a pesar de que se conocen ya algunas medidas preventivas: mascarillas, separación interpersonal y lavado de manos, entre otras.

4)- sentimientos de absurda DISTOPIA que no se creía llegara nunca a occidente, por tanto “cualquier cosa terrible es posible que ocurra” y nadie está a salvo.

5)- Sentimiento de PÉRDIDA, sensación de que se ha perdido la vida conocida, la estabilidad económica, la libertad de movimiento, la ilusión del control de nuestras vidas, del contacto físico con quienes amamos… y además de estas pérdidas, la única seguridad es que el futuro no presenta más que incertidumbres de corte negativo.


2.- ¿Puede la situación de Pandemia inducir al Suicidio?

Hay que tener en cuenta que, en una situación tan sobrecogedora por la incertidumbre y sensación de indefensión que genera la Pandemia, se puede presentar la idea del suicidio como única y más satisfactoria salida, al menos en la que se conoce como la primera fase del suicidio, la de Consideraciòn.

Fase de Consideración, cuando se ve en el suicidio la única posibilidad para salir de una situación muy angustiosa y dolorosa.

Las siguiente fases son:

Fase de Ambivalencia, en que se considera el suicidio como solución pero se duda de sus beneficios.

Fase de Decisión, en la que ya se ha establecido un plan.

Lo deseable es que no se llegue a ninguna de estas dos fases y cortar el proceso en la primera de ellas.

Ahora vamos a analizar los factores facilitadores que desembocan en la primera fase comentada, según queda reflejado en las Guías de intervención en crisis suicidas elaboradas en el Teléfono de la Esperanza.

Estos FACTORES FACILITADORES que expondré a continuación, unidos a los 5 SENTIMIENTOS consecuentes a la situación de caos general en el que se vive durante una pandemia, aumentan de forma exponencial la posibilidad de llegar al punto en que se presente la IDEACION SUICIDA


Factores facilitadores:

1.- Conflictos familiares:

La situación de confinamiento sostenido durante semanas a causa del estado de alarma decretado para luchar contra la Pandemia, tiene como consecuencia una convivencia limitada a la vivienda y en la que, los que allí viven, tienen que pasar las 24 horas del día en un encierro que puede exacerbar las malas relaciones e incluso, si ya existía, agravar el maltrato intrafamiliar y la violencia.


2.- Personalidad y trastornos mentales

Las personas sometidas al confinamiento, cuando ya presentaban con anterioridad tipos de personalidad con características impulsivas o/y obsesivas, pueden agudizar su sintomatología de forma grave. Especial preocupación a propósito del Trastorno Límite de Personalidad que puede tener en ocasiones tendencia al aislamiento pero que, si es obligado, puede acrecentar los sentimientos de vacío existencial, las autolesiones y por supuesto las ideas suicidas.

Lo mismo podemos decir con respecto a otros trastornos como las esquizofrenias, que pueden no comprender el por qué no pueden salir de casa; o los trastornos del estado de ánimo como la Depresión mayor o los trastornos Bipolares. Sin olvidarnos del amplio espectro del trastorno autista.


3.- Aislamiento y soledad

Ambos estados, cuando son impuestos y no deseados, como puede ocurrir con el confinamiento, provoca normalmente sentimientos de tristeza profunda y desinterés por la vida, asociados fácilmente al suicidio.


4.- Sufrimiento y pérdidas

Padecer una enfermedad grave ya sea crónica o puntual y aguda, puede hacer pensar en el suicidio como única salida ante la seguridad de que el sistema sanitario está desbordado atendiendo la Pandemia. Así, concibe la muerte como una liberación a su dolor sin otra alternativa.

De igual modo, encontrarse en duelo por una pérdida, ya sea de un ser querido o de una situación  económica  de  seguridad  que  se  prevé finalice a consecuencia de la pandemia, puede traer a la mente la idea de suicidio como un solución para no vivir esa situación que se adivina de malestar y sufrimiento.


Estas son las principales causas de aparición de la idea suicida.

Como es fácil deducir de todas ellas, se exacerban extraordinariamente ante la situación de incertidumbre que genera una llamada al estado de alarma y máxime si le sigue un confinamiento domiciliario como estrategia para combatir la pandemia.


ESTRATEGIAS de PREVENCIÓN


1º DETECTAR LA IDEACIÓN SUICIDA

Para lo que se dejará a la persona que la sufre, que exprese libremente su angustia y lo que la induce a creer que no tiene salida su situación.

2º En definitiva, facilitar la VERBALIZACIÓN DE LA IDEA SUICIDA. Dejarle hablar sin juzgar ni interrumpir, por mucho que lo estemos deseando.

3º NEUTRALIZAR LA IDEACIÓN SUICIDA.

Con técnicas como la de distraer su atención hacia escenarios más benignos como por ejemplo situarla en momentos de su vida en que vivió situaciones difíciles y pudo superarlas.

En esta última etapa conseguimos ampliar su visión de túnel y ampliar  el  abanico  de  alternativas  a  su  situación.  De  alguna  forma logramos que deje de lado la opción de acabar con su vida, restablecer el equilibrio y, si conseguimos que acceda a comenzar una Terapia, ya tenemos prácticamente evitada la idea de muerte por suicidio en su primera etapa, evitando que se presente ninguna de las dos siguientes.


ATENDER A LA FAMILIA

Y para terminar mi artículo, solo hacer una pequeña mención a la respuesta que debemos dar en el caso de ayudar a elaborar el duelo de los supervivientes al suicidio de un ser querido.

Hay que tener presente que, durante el estado de alarma por la pandemia, se  da una situación muy especial y dolorosa: no podrán despedirse. Por tanto, la elaboración del duelo será mucho más costosa por la complicación que ese elemento aporta de especial.

Capítulo aparte y merecedor de un trabajo en sí mismo es la intervención que se aconseja por el Teléfono de la Esperanza al atender la llamada de una persona que nos informa de que tiene un familiar con ideas suicidas.


Autora: Mercedes Santos Sánchez, Licenciada en Psicología. Escritora y colaboradora del Teléfono de la Esperanza de Valencia.


domingo, 23 de febrero de 2014

Prevención del Suicidio, Guía de Autoayuda.

El suicidio es una solución eterna para lo que a menudo no es más que un problema temporal. 
Edwin Shneidman, 1985

La Organización Mundial de la Salud (OMS), identifica el suicidio y sus intentos como uno de los problemas más graves de salud que pueden afectar a las personas, y es por ello que recomienda a todos sus estados miembros que sea atendido de forma prioritaria.
Así pues, el objetivo que perseguimos con esta Guía es proporcionar información veraz y objetiva sobre la conducta suicida, ayudar a identificar cuáles son las señales de alerta y proponer distintas habilidades de afrontamiento validadas para su pronta identificación y prevención.

Esperamos que el contenido de esta Guía resulte de gran ayuda para todas las personas afectadas por ideas de suicidio.



  • La Organización Mundial de la Salud estima que, en el mundo, una persona intenta morir cada 3 segundos, y que cada 40 segundos se consuma un suicidio.
  • En la actualidad el suicidio es la primera causa de muerte violenta, por delante de los homicidios y los conflictos bélicos juntos.
  • Quienes más veces consuman el suicidio son los varones.
  • Mientras que los hombres tienden a consumar el suicidio en mayor proporción,
  • las mujeres lo intentan con mayor frecuencia.
  • Los datos mundiales reflejan que un millón de personas se suicidan al año y que esta cifra aumentará hasta el millón y medio hacia el año 2020.

En España:
  • En el año 2008, el número de muertes por suicidio superó, por primera vez, al número de fallecidos por accidentes de tráfico (Instituto Nacional de Estadística, INE, 2010).
  • El suicidio es la 2ª causa de muerte (no natural) entre jóvenes entre 15 y 25 años.
  • El suicidio es la 6ª causa de muerte (no natural) entre niños con edades comprendidas entre 5 y 14 años.
  • Se registran cerca de 3.500 suicidios al año. En el 90% de los casos se estima que la persona presentaba algún trastorno mental.
  • Las personas afectadas por una depresión mayor, presentan una probabilidad de riesgo suicida 20 veces superior frente a la población general. Las personas afectadas por una trastorno bipolar presentan una probabilidad de riesgo suicida 15 veces superior en comparación con la población general.
  • Las personas afectadas por esquizofrenia presentan una probabilidad de riesgo suicida 9 veces superior frente a la población general.
  • Las personas diagnosticadas de un trastorno de personalidad límite presentan una probabilidad de riesgo suicida entre 4 y 8 veces superior al de la población general.
  • Las personas afectadas por consumo de sustancias psicoactivas, alcohol y otras drogas, presentan mayor riesgo suicida que la población general.

Todos estos trastornos son tratables y susceptibles de mejorar, y por ello el suicidio es un riesgo prevenible.



Qué debes hacer si… presentas ideación suicida:
  • Si sientes que la vida no merece la pena, que nadie puede ayudarte, que nada va a cambiar y que la única manera de acabar con el sufrimiento y con los problemas es dejar de vivir…
  • Si te sientes hundido, sin fuerzas, con cambios bruscos de humor, falta de interés por la vida, trastornos del sueño y tienes deseos de morir…
  • Si te estás refugiando en las drogas o en la bebida.
  • Si estás elaborando un plan de dónde, cuándo y cómo suicidarte y no puedes apartar la idea de tu mente.



Es importante que:
  • Confecciones o pongas en marcha tu Plan de Seguridad (ver Plan de Seguridad).
  • Pidas ayuda a un profesional. Necesitas ponerte en manos de profesionales.
  • Acudas a una persona de tu confianza, no sientas vergüenza y comunícale lo que te está sucediendo.
  • Te dejes ayudar.


Debes saber que:
  • No estás sólo. Busca un amigo, un familiar, un médico, un psicólogo, un psiquiatra, una enfermera, o un trabajador social u otro profesional de tu confianza y trasládale tus inquietudes. No mantengas en secreto tus pensamientos sobre el suicidio.
  • Busca la compañía de alguien que te aprecie y con quien te sientas a gusto.
  • Los pensamientos suicidas normalmente están asociados con problemas que sí pueden resolverse.
  • El suicidio puede presentarse como una solución permanente ante un intenso dolor. Pero aunque no lo parezca, la desesperanza, el dolor y el vacío son estados temporales, no permanentes.
  • Que no se te ocurra ninguna solución, no significa que no haya soluciones, sino que ahora no eres capaz de verlas. Los tratamientos psicoterapéuticos y médicos te ayudarán a encontrar y valorar las opciones adecuadas.
  • Es normal que te sientas ambivalente. La mayoría de las personas que piensan en el suicidio realmente no desean morir, sino librarse de las circunstancias intolerables de la vida. Déjate ayudar y busca apoyo.
  • Las ideas de suicidio suelen ser pasajeras. Aunque ahora sientas que tu abatimiento no va a terminar, es importante recordar que las crisis no son permanentes.
  • Recuerda que no es bueno actuar de forma impulsiva. Puedes demorar cualquier decisión acerca del suicidio. Con el tiempo, las ideas de suicidio desaparecerán y te sentirás más capaz de enfrentarte a los problemas.
  • Aunque el problema que tienes ahora pueda ser muy grave, con el tiempo y la ayuda de profesionales, familiares y amigos, podrás verlo de una manera diferente, sin tanta intensidad y de forma más controlada.
  • Las razones para vivir ayudan a superar momentos difíciles. Recuérdalas.
  • Piensa en las cosas que te han sostenido en los momentos difíciles: tu familia, tus amigos, tus afi ciones, tus mascotas o tus proyectos de futuro.
  • Ten en cuenta las veces que supiste salir de otros problemas, si otras veces lo conseguiste, esta vez: ¿por qué no vas a poder?


¿Qué me protege?

Existen una serie de factores sociales, familiares y personales que disminuyen la probabilidad de aparición de los pensamientos, intentos y/o conductas suicidas y que, por tanto, habrá que promover y reforzar para así poder disminuir la probabilidad de su aparición.

Algunas formas de promover y reforzar estos factores son:


Construir y/o mantener un sistema de apoyo

Busca una persona en quien confíes y con quien puedas hablar con sinceridad, sobre todo en caso de volver a tener pensamientos suicidas. De hecho, tener más de una persona de confianza puede ser de gran ayuda. Esta persona puede ser un miembro de tu familia o un amigo.
Si colaboras con él/ella y le mantienes informado sobre tus pensamientos, deseos y sentimientos, puede ayudarte en tu recuperación y prevenir otro intento de suicidio. Es muy importante que seas sincero con esta persona. No te guardes tus pensamientos suicidas.

En cuanto tengas pensamientos suicidas debes contactar con tu persona de confianza sin demora. Si sientes soledad, recuerda que dispones de alguien que conoce tu problema y se preocupa por ti.
No caigas en el error de creer que nadie te puede ayudar. Deja que lo intenten.
Únicamente será imposible ayudarte si eres tú quien no lo permite.


Aprende a vivir nuevamente y recupera el control de tu vida

Volver a sentir la vida como placentera puede llevarte un tiempo, pero algo que lo puede facilitar es:
Desarrollar una rutina
  • Establecer un horario para las comidas y las horas de sueño, hacer que tus actividades sean regulares y dejar que con el tiempo se siga normalizando tú día a día.
  • Puede que durante tu proceso de recuperación, tu entorno no te motive y te parezca desolador, pero llevar a cabo una rutina te puede favorecer a volver a ver la vida de una forma agradable y gratificante.


Dedicarte a tus aficiones y pasatiempos

  • Ésta es una buena manera de ayudarte a enfrentar los momentos difíciles, especialmente si los compartes y practicas con más personas. Es muy importante realizar actividades que en el pasado te resultaran satisfactorias, porque si tus pensamientos negativos regresan, podrás recurrir a ellas para sentirte cómodo. No puedes focalizar tu vida y tu felicidad, solamente sobre una persona o cosa.
  • Planifica actividades diarias, escríbelas y ponlas en un lugar visible. Incluye al menos dos actividades diarias, de más de media hora cada una, que te gusten. Al principio, no seas muy exigente contigo mismo.
  • No esperes a volver a tener ganas para retomar tus afi ciones. Las vas a recuperar gradualmente. Obligarte poco a poco, en la medida de tus posibilidades, hará que recuperes progresivamente tu capacidad de disfrutar.



Identifica las señales de riesgo o detonantes de tu malestar

  1. Identifica la causa o comienzo de los pensamientos suicidas. Reflexiona (si es posible, mejor en compañía), sobre la situación que te llevó a este tipo de pensamientos o actos. Puede que sea una fecha, un acontecimiento, un comentario, un objeto... ¿Cuál fue la “gota que colmó el vaso”? Procura reducir el efecto de estos eventos o circunstancias al mínimo y trata de evitarlos o responder ante ellos de una forma diferente. Puede ayudarte llevar un diario donde registres tus estados de ánimo, pensamientos y planes.
  2. Aprende a reconocer cuando vas a tener una crisis aguda, te ayudará a saber cuándo debes poner en marcha tu PLAN DE SEGURIDAD y, por lo tanto, a recurrir a tiempo a las personas que te pueden ayudar.
  3. Pon en marcha tu PLAN DE SEGURIDAD. Si le cuentas a tus personas de confianza cuáles son estas circunstancias, ellas podrán apoyarte. Si cuentas con su ayuda, quizás puedas pactar un “contrato de no autoagresión”, que te refuerce en los momentos de mayor fragilidad. Recuerda que el impulso suicida, por su propia naturaleza, es siempre transitorio.
  4. No utilices las amenazas suicidas ni el intento de suicidio para intentar conseguir algo que no eres capaz de lograr de otra manera. Por lo general, en el caso de que tengas éxito, este será pasajero. Nada se mantiene bajo la amenaza de suicidarse. No podemos pretender mantener a alguien a nuestro lado o conseguir algo bajo la amenaza y la manipulación.


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En caso de que tu Plan falle y exista un riesgo inminente: LLAMA AL 112, o al Teléfono de la Esperanza, o acude a urgencias de tu hospital más cercano.