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jueves, 16 de abril de 2015

¿Psicología Positiva?

Bienestar psicológico, felicidad, optimismo, creatividad, amor, gratitud, fortaleza, resiliencia… 

Son palabras claves que definen la psicología positiva. Es viernes, me encuentro a las diez de la mañana sentado y con mi bloc de notas, en el salón de actos de la Facultad de Psicología de Valencia. Con cierta intriga de escuchar lo que hasta este momento apenas conocía: la psicología positiva. 

Apunto una frase que cita la ponente: “La psicología positiva, es una rama más de la psicología, con base y estudios validados científicamente pero con una clara diferencia; no focaliza la atención en la parte de las emociones negativas de la persona sino el centro de investigación son las cualidades y características positivas humanas, estudia lo que hace que la vida merezca ser vivida”. 

No puedo evitar verme afectado por ciertos prejuicios hacia esta corriente a la que yo había llegado a “tildar” de tipo espiritual o de una rama de la filosofía relacionada con la psicología. Pero, ¿de veras es psicología con mayúsculas?, ¿Es Psicología? 

Durante la ilustradora conferencia, voy abriendo los ojos ante esta corriente. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en las modas sociales de mensajes de apoyo, en los manuales de auto-ayuda, en las técnicas pseudo-científicas de “vudús” y porque no, de “charlatanes” y embusteros. 

Hace poco entré en una librería buscando algún libro de psicología cuando me topé con un manual de auto-ayuda. Se llamaba “Encuentra tu propia estrella polar”. Estaba escrito por una psicóloga americana y en el reverso explicaba la unión armónica que se podía conseguir entre el yo esencial y el yo social para así redescubrir la verdadera esencia de “uno mismo”, a su lado, un libro espiritual y místico para alcanzar la plenitud a través de prácticas sin base científica y de resultados obviamente cuestionables. El “todo va bien” y el “ohmmm” frente a la meditación “laica” y “psicológica”. Los mensajes de “ánimo” carentes de objetividad y racionalismo, contra las técnicas psicológicas de regulación emocional a través de los aspectos positivos de la personalidad. 

¿Dónde empieza y dónde acaba esta rama psicológica?, ¿Cómo se ve afectada la Psicología general por su existencia? ¿De verdad la psicología positiva es una ciencia? ¿Hay estudios validados? Y, ¿sobre qué versan los mismos? ¿Es una moda? ¿Qué futuro tendrá esta corriente? 

Durante el transcurso de la historia de la Psicología, los enfoques y corrientes han sido orientados hacia el estudio y entendimiento de las patologías y enfermedades mentales centrándose en la debilidad del ser humano. Esto ha derivado en un marco teórico de carácter patogénico sesgando considerablemente el estudio de la mente humana. Digamos que se ha estado focalizando en la parte negativa, contribuyendo a asumir una visión pesimista de la naturaleza humana (Gilham y Seligman, 1999). 

La Psicología ha dedicado la mayor parte de sus esfuerzos a los problemas humanos y a cómo tratarlos desde la Segunda Guerra Mundial, concretamente la psicología positiva cuestiona las suposiciones del modelo de enfermedad (Vera, 2006). 

Es en este escenario cuando surge la psicología positiva. Los autores tienen como objetivo la investigación de la relación de las fortalezas y virtudes humanas, así como los efectos que estas provocan en las vidas de las personas. 

También se centran en el aspecto individual; la capacidad de la persona para el amor y la vocación, las habilidades interpersonales, el talento, la sabiduría, la motivación y los valores. (Diener, Suh, Lucas y Smith, 1995). 

De esta forma, la psicología positiva parte de la premisa de que la excelencia y la bondad de la persona son tan legítimas como el trastorno, el sufrimiento y la enfermedad (Park y Peterson, 2009). 

Uno de los principales es Martin E. P Seligman, psicólogo y escritor estadounidense. Es conocido por sus investigaciones sobre la indefensión aprendida y su relación con el trastorno de depresión. A su vez, ha sido un gran impulsor por sus aportaciones en el ámbito de la psicología positiva. Para dicho autor la psicología positiva estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, además de la importancia de las fortalezas y virtudes humanas. 

La psicología positiva también es una dimensión particular de la felicidad. Un estado en el que la atención, la motivación y la situación se encuentran, dando como resultado una armonía productiva o de retroalimentación (Csikszentmihályi, 1999). 

Podemos encontrar estudios que demuestran de forma empírica la validez de esta corriente y que manifiestan que el desarrollo de la misma no sólo no tienen un efecto positivo, sino que son una forma totalmente válida para la obtención de los resultados deseados por el terapeuta y paciente de forma satisfactoria (Park y Peterson, 2003). 

Pero debemos matizar que la psicología positiva no niega los problemas que sienten los individuos. Tampoco olvida lo negativo, como las tensiones y las adversidades, ya que todo en conjunto comprende el significado de vivir bien. 

Los estudios experimentales y longitudinales realizados por los positivistas, señalan que las emociones positivas como la felicidad y la satisfacción general con la vida, llevan realmente a mayores éxitos en el ámbito académico, social , familiar y personal afectando a una mayor longevidad y resiliencia (Lyubomirsky, King y Diener, 2005). 

Las emociones positivas están relacionadas con la capacidad de recuperación ante la adversidad. Un impactante estudio con personas que habían experimentado y vivido el 11 de Septiembre de 2001 así lo demuestra (Fredrickson, Tugade, Waugh y Larkin, 2003).

Las investigaciones revelan que el optimismo protege contra los efectos debilitantes de los eventos negativos (Peterson, 2000). 

Como podemos observar existe una gran cantidad de artículos dando validez a dicha corriente, pero también se debe reconocer la existencia de artículos más críticos y reacios ante esta terapia. Psicólogos, por ejemplo, como Marino Pérez Álvarez, intentan desmontar la psicología positiva además de utilizar adjetivos calificativos como “magia simpática” o “felicidad despótica” (Peréz-Alvarez, 2012) o de tildar a los impulsores de la psicología positiva y a sus seguidores como “ignorantes o manipuladores” (Fernandez-Rios y Novo, 2012). 

Es por ello importante establecer un límite o frontera para saber dónde acaba la ciencia y comienzan estas peligrosas ramas pseudo-científicas o místicas. Si bien, actualmente existen autores relevantes de la psicología positiva que no quieren predecir el futuro de la misma (King, 2003). 

Al respecto podríamos citar el film de Woody Allen “Manhattan” donde muestra la fuerza de las emociones positivas a través de la esperanza. En “Qué bello es vivir”, las relaciones interpersonales y la comunidad son fundamentales para afrontar las circunstancias difíciles de la vida. En el film “El sentido de la vida”, los protagonistas plantean con humor la trascendencia de la vida. “En busca de la felicidad”, en la cual, el protagonista explica la fuerza del logro de las metas y la búsqueda de la misma. O la oscarizada “El lado bueno de las cosas” con una ilustradora e impecable demostración directa de esta corriente. 

Así mismo, en la novela “matar a un Ruiseñor” escrita por la estadounidense Harper Lee, observamos la importancia de la capacidad de compromiso de los personajes con la justicia, la humanidad y lo valores éticos, experimentando así bienestar personal. 

Con todo esto, quiero recalcar la importancia y el estado en el que nuestra sociedad ha normalizado, no solamente la Psicología en general, sino el positivismo y la visión motivacional que ha generado nuestra humanidad. 

Esta rama se encuentra en una fase embrionaria de constitución, creación y aceptación. Además es respaldada por investigaciones validadas y por científicos que intentan impulsar dicha corriente. Es cierto que su recorrido se inició hace ya algunos años, pero ¿Cómo se ve afectada la Psicología general por su existencia? En principio todo aporte a la psicología basada en fundamentos científicos y válidos no debería ser un problema. Bajo mi punto de vista, todo lo que sea conocimiento y ciencia es siempre un aporte enriquecedor tanto a la Psicología como al objeto directo y misión principal de esta, el ser humano. Pero, ¿De verdad la Psicología positiva es una ciencia? Todo indica que sí, aunque existen artículos rebatiendo estos logros, hemos podido verificar sus efectos, su demostración empírica y sus sistematicidad en la aplicación nada desestructurada. 

¿En qué ha cambiado mi postura desde antes de realizar este articulo? 
En primer lugar en un plan profesional es una corriente que merece atención, dedicación e investigación para su crecimiento e implementación en su aplicación. Es una forma científica, perfectamente válida y eficaz de conseguir los resultados para un paciente que he podido conocer con cierta “generalidad” y me ha llamado a continuar con esta labor para poder mejorar mis conocimientos y habilidades como terapeuta en un futuro. Pero debe quedar muy claro, que al igual que la Psicología clínica, el tratamiento a través de esta corriente habrá que realizarlo de una manera individualizada y profesional, pues no todo vale en cualquier caso y a cualquier persona. 

Debo añadir que entraña cierto peligro la existencia, como hemos comentado en la introducción, de determinadas ramas pseudo-cientificas y corrientes llamativas sin base alguna. Las cuales, aprovechándose de las necesidades de los sujetos y pacientes, del desconocimiento sobre que es la Psicología en general y la Psicología Positiva en particular y que es lo verdaderamente científico, pueden perjudicar tanto al paciente como a la Psicología como Ciencia. Al quedar difuminada esta frontera entre lo científico y lo pseudo-cientifico por el desconocimiento será necesaria una especial labor por parte de la comunidad de la Ciencia de la Psicología para dar a conocer la Psicología Positiva, para divulgar, para evitar las estafas, y sobre todo para que la gente sea conocedora de la realidad de la misma, tanto psicólogos como el público en general. 

Como profesionales de la salud que somos debemos ser cautos y analizar desde la objetividad cualquier información que se nos plantee. Nuestra finalidad dentro de lo posible es contribuir honestamente a mejorar la vida de los demás, porque tenemos la responsabilidad como agentes de ayuda de socorrer a aquellas personas que sufren. Este concepto debería estar presente continuamente en los psicólogos. 

Autor: Enric Valls Roselló. Nº colegiado 12275
Psicólogo especialista en el ámbito clínico y de la salud, y colaborador del Teléfono de la Esperanza de Valencia
Correo: vallspsicologo@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2015

RESISTIR ANTE LA ADVERSIDAD (UNA CANCIÓN)

La resiliencia es la capacidad que tiene todo ser humano para sobreponerse a las situaciones adversas que nos da la vida. Las personas en la vida atravesamos por diferentes etapas. Vivimos momentos en los que el sol brilla esplendorosamente y todo nos va bien y momentos en los que no vemos más que nubarrones en el horizonte.La vida, en ocasiones, nos depara situaciones difíciles que escapan a nuestro control. Salir airosos depende un poco de nosotros mismos.

Enfrentarse a los avatares que la vida nos proporciona y salir adelante de situaciones adversas requiere mirar al futuro, saber ver la parte positiva de cada situación por la que atravesamos y actuar con alegría y positividad. Requiere salir adelante sobreponiendonos al sufrimiento para resistir ante la adversidad y enriquecernos y fortalecernos con las experiencias vividas.

John Burroughs (1837–1921), nacido en Roxbury, Nueva York, fue un escritor naturalista y ensayista. Este norteamericano decía, que cuando un halcón es atacado por cuervos u otras aves, él no contraataca. Él asciende rápidamente para lugares cada vez más altos haciendo círculos anchos hasta que sus acosadores lo dejen. Ante la adversidad, y los avatares de la vida, apliquemos la misma estrategia que el halcón. Si nos enfrentamos a la adversidad, enfermedad, etc., no caigamos en el desánimo ni seamos negativos, corremos el riesgo de hundirnos en la desesperación y no podremos afrontar los hechos con objetividad. Si reacionamos a los que nos atacan, corremos el riesgo de hacer lo mismo que ellos hacen. Busquemos ascender, salir de cada situación poniendo de nuestra parte todo nuestro esfuerzo y energía, poniendo lo mejor de nosotros mismos.

Afrontar la adversidad produce cambios positivos en nuestra vida: Crecerá la confianza en nosotros mismos, haciéndonos más fuertes para afrontar nuevos retos. Cambiarán nuestras relaciones interpersonales, ya que en los momentos difíciles se pone de manifiesto la valía y autenticidad de las personas con las que nos relacionamos. Nuestra forma de ver y actuar en la vida también cambiará al dar más valor a pequeñas cosas que quizás hasta entonces nos habían pasado desapercibidas.

Como dice el psiquiatra Víctor Frankl: “El hombre que se levanta es más fuerte que el que no ha caído”. O como decía el gran poeta Friedrich von Schiller: "En las grandes adversidades todo hombre noble aprende a conocerse mejor".

A veces se necesita una ayuda externa,un apoyo: puede ser un familiar, un amigo, el Teléfono de la Esperanza, etc.... o un libro, una película, una canción que nos anima a seguir adelante. Por eso os dejamos aquí esta conocida y bonita canción que se ha convertido en un auténtico himno de las personas resilientes: ¡Resistiré! Si te encuentras en una de esas situaciones adversas, no dudes en escucharla, te levantará el ánimo.... para seguir luchando.




martes, 15 de julio de 2014

LA ESTATUA Y EL CABALLO

Hace ya muchos años que leí un libro excepcional: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl. Este psiquiatra vienés, que había estado prisionero en varios campos de concentración nazi, nos relata con sencillez, pero también con fidelidad, los horrores que allí pasó y cómo lo que realmente le mantuvo vivo fue el encontrar sentido a su vida: su deseo de escribir un libro donde poder contar esos horrores. Y así fue, como en viejos papeles que encontraba por el suelo relató las principales ideas de lo que después sería ese maravilloso libro.

También en nuestras propias situaciones límites (diagnostico mortal, un suicidio, la muerte de un niño, una enfermedad incurable, etc.) es cuando es imprescindible no quedarse pillado por la angustia del acontecimiento. En estas o parecidas situaciones lo importante, nos dice este autor, es que la persona encuentre el sentido a su sufrimiento. Así, cuando nos encontramos con una persona que afirma no tener futuro, no debemos entrar “al trapo” de su problema sino que deberemos intentar posibilitar que encuentre sentido a su presente o a su propia capacidad para encontrarlo. Es posible, pues, que para ayudarle a recuperar su futuro debamos insistir en sus posibilidades presentes. A veces, ocultas y que el propio sujeto puede desconocer. 



Un pequeño relato puede ejemplarizar esta cuestión: Había una vez un escultor que tenía una academia donde acudían niños de todas las edades a contemplar como trabajaba la piedra. Un día el alcalde del pueblo le encargó una estatua de un caballo para la plaza del pueblo. Los niños atónitos contemplaron la gran masa de piedra de granito que es llevada hasta el taller, donde el artista comienza a moldear la piedra. Uno de los niños más pequeños se ausentó durante un tiempo del pueblo y cuando nuevamente llega al taller se sorprende al ver la estatua del caballo y le pregunta al escultor: ¿Cómo sabías que dentro de la piedra había un caballo? Pero la auténtica realidad es que el caballo estaba en la cabeza del artista, no de la piedra, pero gracias a eso la estatua del caballo pudo estar presente en la plaza del pueblo. 


De la misma manera, en muchas ocasiones, el ser humano es el gran desconocido para sí mismo. Y sobre todo en las situaciones límites (una muerte, un homicidio, una violación, etc.) es donde puede descubrir todo los que lleva dentro; puede descubrir el “caballo” que esconde bajo su fragilidad, su angustia o su desesperanza. 

Es por esto que muy acertadamente V. Frankl, afirmó que “cuando el ser humano tiene un para qué, puede atravesar cualquier cómo”. Es decir, lo más importante no es el acontecimiento traumático sino si somos capaces, a pesar del sufrimiento y la angustia, descubrir el sentido (el caballo) que llevamos dentro.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra-Cofundador del TE