domingo, 9 de octubre de 2016

APERTURA DEL CURSO EN EL TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE VALENCIA CON ELIA ROCA

Aunque el Teléfono de la Esperanza de Valencia funciona ininterrumpidamente durante todo el año, incluidos los meses de verano, las actividades de promoción de la salud emocional que hacemos (Cursos, Talleres, etc) se suspenden en Junio y las reanudamos en Septiembre. También muchos voluntarios marchan de vacaciones y Septiembre es el mes de la vuelta a lo cotidiano y del reencuentro con todos los amigos y compañeros. Por eso tradicionalmente nos gusta celebrar el reencuentro de los voluntarios y voluntarias del Teléfono de la Esperanza de Valencia, con energías renovadas, dando el pistoletazo de salida a todas las actividades que realizaremos a lo largo del presente curso.

Este año la Fiesta del reencuentro del Teléfono de la Esperanza de Valencia tuvo lugar el pasado 26 de Septiembre. Consistió en un saludo del Presidente del Teléfono de la Esperanza de Valencia, Ángel Madrid, que aprovecho para hacer un breve repaso a lo realizado durante el año y a las novedades que se nos presentan en el curso actual.

A continuación tomo la palabra nuestra compañera y colaboradora Elia Roca, Psicóloga, durante más de dos décadas en el Servicio Valenciano de salud (Clínico-Malvarrosa), autora de diversos libros sobre autoestima, habilidades sociales y terapia cognitivo-conductual, (Ver Libros), que nos ilustró con una conferencia sobre: Autoestima, Habilidades Sociales y Relación de Ayuda.

Elia destacó la importancia de la autoestima y las habilidades sociales, consideradas como actitudes deseables hacia uno mismo y hacia los demás, en el buen funcionamiento psicológico.

Revisó los problemas con el concepto tradicional de la autoestima, que equiparaba la autoestima deseable con la alta autoestima, y los estudios que muestran como el fomento indiscriminado de la alta autoestima, ha favorecido el narcisismo.

Defendió la conceptualización de la autoestima sana como actitud deseable hacia uno mismo, que incluye pensamientos (realistas), sentimientos y conductas deseables. Y los diferentes problemas de autoestima, como la autoestima narcisista, la autoestima contingente (condicional) y la baja autoestima.

Explicó su visión de las habilidades sociales que incluye la asertividad (expresión de una sana autoestima al relacionarnos con otros) y la empatía (relacionada con el respeto y cuidado de la autoestima de los otros).

Finalmente destacó el papel central de la autoestima y de las habilidades sociales en muchos problemas psicológicos, así como algunas formas de ayudar a manejarlos.

Esta conferencia, que forma parte de la formación contínua del voluntariado, nos dio mas herramientas para poder realizar nuestra labor con mayor calidad.

Luego se dio paso a una cena fría donde todos los voluntarios y colaboradores pudimos intercambiar las vivencias del verano y enfocar con energías el nuevo curso 2016-17.


martes, 14 de junio de 2016

SESIÓN DE CINE AMIGOS DEL TELÉFONO DE LA ESPERANZA (AMITES SAGUNTO)

SESIÓN DE CINE

El próximo lunes, día 20 de junio, a las 18 ho
ras, en el salón Parroquial de la Iglesia de El Salvador ,y patrocinado por AMIGOS DEL TELÉFONO DE LA ESPERANZA (AMITES SAGUNTO) se proyectará la película EL BECARIO ( DE Robert de Niro)

Hará la presentación y coordinará el coloquio DANIEL MOLINS Graduado en Psicología, miembro del Cine-Fórum Atalant y del Aula de Cine de la Universidad de Valencia.

EL BECARIO es una película llena de valores, amena y divertida apta para todas las edades. Transmite un mensaje de esperanza

ENTRADA GRATUITA

LUNES DIA 20 de Junio A LAS 18:00h

Local parroquial Iglesia de El Salvador



domingo, 12 de junio de 2016

Charla "Explicaciones al sufrimiento" por Antonio Gordillo

El pasado lunes 30 de Mayo, tuvo lugar una reunión de voluntarios, enclavada dentro de la formación continua que se imparte en el Teléfono de la Esperanza de Valencia a sus colaboradores. 

En esta reunión se ofreció una charla formativa «Explicaciones al sufrimiento, conocerlo para aceptarlo» por nuestro compañero Medico D. Antonio Gordillo.

Antonio explicó la diferencia entre el sufrimiento inútil o evitable y el sufrimiento inevitable, ya el sufrimiento es connatural en el ser humano (enfermedades, pérdidas etc.) y ya lo sufrimos de manera natural desde el mismo momento del nacimiento.

Podríamos decir que este sufrimiento connatural está impreso en los genes.

La cuestión sería cómo vivir ese sufrimiento y, de ahí la importancia de la aceptación y la actitud de la persona. 

Antonio nos ofreció como ejemplo (entre otros mas), a Viktor Frankl, hablando de la capacidad del individuo de sobreponerse a una situación límite y como encontrar un sentido a su vida, que es lo que le dió la fuerza para crecer y sobrevivir en el infierno de un campo de concentración nazi.

Frankl decía «si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontar el sufrimiento.

También nos habló de las creencias, desde un enfoque religioso, sobre este tema, que o bien era un castigo divino por ser malo o bien un regalo de Dios por ser especial; hasta las nuevas corrientes que hablan que las enfermedades nos las provocamos nosotros mismos porque no saber gestionar adecuadamente nuestras emociones.

martes, 26 de abril de 2016

"Educadores Hoy" 2016 Teléfono de la Esperanza de Valencia

El pasado fin de semana, del 22 al 24 de Abril, tuvo lugar un nuevo Curso de nuestro Programa "Educadores, hoy" en el Teléfono de la Esperanza de Valencia. 

Como muestran las fotografías, un nutrido grupo de participantes, interesados en mejorar sus relaciones familiares, mejores practicas como docentes educadores, aprender nuevos recursos para la educación de los hijos, crecer en pareja, y en resumidas cuentas, ser más felices en familia, disfrutaron de un magnífico Curso que sin duda aportará, como muchos de ellos manifestaron al concluir el mismo, una nueva etapa en sus vidas. Al menos comenzarán a abordar con una nueva mirada los conflictos y situaciones que surgen en la convivencia familiar. 

El grado de satisfacción de todos los participantes fue grande y el de alegría durante el Curso también, como vemos por las caras que nos muestran en las fotografías adjuntas. Ahora han iniciado la etapa de profundización y seguimiento, que se prolongará en los próximos 3 meses. 

Desde el Teléfono de la Esperanza de Valencia nos sentimos muy orgullosos de aportar nuestro granito de arena en un tema tan importante como es la Educación y la Convivencia familiar. De hecho nuestro programa "Educadores, hoy", es el más antiguo de los que realizamos y del que mejor recuerdo guardan sus participantes por lo que supuso de positivo para sus familias y para ellos mismos. Desde aquí felicitamos a todos los participantes y les animamos a seguir adelante en esta tarea tan importante como es la educación de los hijos y nuestro propio crecimiento personal y de convivencia en el marco de la familia.






martes, 5 de abril de 2016

Jornadas del Teléfono de la Esperanza de Valencia, 44 Aniversario

Celebración del 44 Aniversario. 
JORNADAS DEL TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE VALENCIA. 

JUEVES, 7 DE ABRIL DR. JOSÉ LUIS GUINOT

"EL APOYO EMOCIONAL EN LA ENFERMEDAD Y ANTE LA MUERTE"
Jefe Clínico de Oncología Radioterápica en el Instituto
Valenciano de Oncología (IVO)
HORA DE COMIENZO: 19'00H


VIERNES 8 DE ABRIL DRA. Dª Mª JESÚS ALAVA REYES

"LA INUTILIDAD DEL SUFRIMIENTO”
Psicóloga-Clínica Directora de Apertia Consulting
HORA DE COMIENZO: 19'00H

LAS CONFERENCIAS TENDRÁN LUGAR EN:Centro ARRUPE en Gran Vía Fernando el Católico, 78 CP: 48008 Valencia
HORA DE COMIENZO: 19'00H


domingo, 7 de febrero de 2016

Curso de Asertividad y Relaciones Humanas, Enero 2016

El pasado fin de semana (días 29, 30 y 31 de Enero 2016) tuvo lugar en la sede del Teléfono de la Esperanza de Valencia el curso intensivo de fin de semana sobre la Asertividad y Relaciones Humanas.

La asertividad es una forma eficaz de comunicación que promueve las relaciones honestas, el respeto por sí mismo y por los demás y, en consecuencia el aumento de la autoestima.

La asertividad se sitúa en un punto intermedio entre otros estilos de comunicación en los que: 

* O invadimos a los demás ( comportamiento agresivo y/o manipulativo) 
* O nos dejamos invadir y someter ( comportamiento tímido o pasivo) 

En este curso se estudiaron a fondo estos estilos de comunicación, sus causas, raíces y las técnicas para mejora y superación de los aspectos problemáticos o disfuncionales para llegar a convertirnos en personas asertivas. 
Se ofrecieron: 

* Definición de asertividad. 
* Exploración e identificación de comportamientos no asertivos: tímido, agresivo, manipulador. 
* Aplicación de las habilidades asertivas a situaciones concretas de la vida. 
* Defensa de los derechos personales básicos. 
* Práctica de habilidades sociales. 
* Nuevas técnicas de afirmación de uno mismo. 
* Saber pedir, rehusar, decir no. 
* Expresar correctamente los sentimientos. 
* Saber hacer y aceptar positivamente las críticas. 
* Reflexionar sobre los aspectos que dificultan las relaciones con los demás. 
* Modelos positivos de comunicación y de conocimiento. 
* Aprender a sí mismo y perfeccionar la calidad de las relaciones humanas. 
* Exposiciones teóricas. 
* Ejercicios de sensibilización. 

Los asistentes aprovecharon muy bien las enseñanzas y ademas de aprender y mejorar en la practica de la asertividad como elemento vehicular para unas relaciones humanas mas nutritivas y enriquecedoras, lo pasaron muy bien como podéis ver en la fotos de los diversos grupos pequeños y la foto de todo el grupo grande.








martes, 26 de enero de 2016

Curso "El arte de Comunicarse bien" 2016

El pasado fin de semana del 15 al 17 de Enero, celebraremos en nuestra sede de Valencia una nueva edición de nuestro Curso "El Arte de comunicarse bien", en el cual pretendimos dar recursos a todos los asistentes para que su comunicación resulte más satisfactoria, y por lo tanto ellos se sientan más felices, mejorando también las relaciones con su entorno.

Hay muchos problemas que no existirían si hubiera habido una comunicación funcional, y otros que precisan de una comunicación para que se resuelvan.

Una persona que se comunica de forma saludable tiene amplias garantías de tener una vida emocional sana y feliz. 

Fue un fin de semana intenso donde todos supieron aprovechar las enseñanzas y decidieron comenzar el año del mejor modo: comunicándose mejor. 

Ahora ha empezado con los seguimiento para profundizar en las materias tratadas y afianzar las enseñanzas recibidas.

Os adjuntamos algunas fotos del encuentro.







martes, 22 de diciembre de 2015

Amites Sagunto, Taller de Risoterapia.

Está demostrado que la risa produce beneficios fisicós, mentales y emocionales. 
Freud atribuyó a la risa el poder de liberar al organismo de energía negativa. 

Se ha demostrado científicamente que el córtex cerebral, un segundo después de comenzar a reír libera impulsos eléctricos, expulsando de nuestro organismo la energía negativa.

La risa está localizada en la zona prefrontal de la corteza cerebral, donde tambien reside la creatividad y la capacidad para pensar e imaginar futuros posibles. 

A medida que vamos creciendo, ganamos en madurez, y también perdemos la espontaneidad de dejarnos llevar por la risa, o hasta incluso de ver el lado positivo y cómico de las cosas. De ahí que haya veces que convenga recordar cómo reír. 

Existen terapias para ello, destacando la Risoterapia y es por ello que el pasado 17 de Dieiembre, en Amites Sagunto se celebró una sesión de risoterapia para recordar los efectos saludables de la risa.

Los asistentes pudiieron cultivar su salud emocional mejorando su equilibrio psicológico y aumentando sus defensas. 

La mejor evidencia, las imágenes. 



viernes, 4 de diciembre de 2015

Cómo ayudar a una persona deprimida

Pedro tiene 60 años y su mujer, 58. Ella padece una depresión desde hace varias décadas. Fundamentalmente ha seguido un tratamiento farmacológico, pues siempre se ha negado a un tratamiento psicoterapéutico. Pedro se siente agotado por esta situación:

“Cuando llego a casa y encuentro a mi mujer deprimida, en la cama, se me cae el mundo encima. No sé cómo comportarme con ella: si le animo para que salga de casa dice que no le comprendo, pero si le dejo hacer lo que quiere, cada vez se hunde más en su tristeza... Temo que voy a terminar como ella”.

Pedro es uno de esos miles de familiares que conviven con un enfermo de depresión y que se sienten desorientados porque no saben cómo ayudar a una persona deprimida. Son los personajes secundarios del drama de esta enfermedad, que a veces pasan inadvertidos e ignorados incluso para los profesionales (psicólogos y psiquiatras). Son también una minoría que precisan de nuestra atención.

Cuando alguien está deprimido, provoca que su estructura familiar se tiña de tristeza y melancolía, y que los más allegados se sientan confusos ante esa nueva experiencia. Es difícil comprender, como es el caso de Pedro, que una familia tenga de todo: salud, buena posición económica, unos hijos encantadores y, sin embargo, aparezca el fantasma de la depresión, pues la enfermedad depresiva no se explica con razones, ya que es una alteración del mundo emocional, y por eso la única aproximación válida a las personas deprimidas es la comprensión y el afecto.

La depresión crónica puede crear una gran tensión en los allegados y, consecuentemente, producir hostilidad, irritabilidad y, en el peor de los casos, culpabilidad. Existen numerosas familias que, como el protagonista de nuestra historia, Pedro, necesitan de un alto grado de paciencia, tacto y generosidad para crear un clima acogedor para que el enfermo no se hunda en su propia tristeza.

como ayudar a una persona deprimidaPor eso, mantener el equilibrio entre las demandas de la persona deprimida y las propias necesidades de los familiares es difícil, pero imprescindible para no sentirse arrastrado por el torbellino de la depresión. Es preciso, pues, mantener una “distancia amorosa” con el enfermo. No podemos caer en la trampa de los juicios negativos del familiar deprimido (referido a sí mismo, al futuro y al mundo circundante), sino relativizar esos comportamientos, y contemplarlos como fruto de la propia enfermedad.

La familia puede ser el motor que posibilite la recuperación de la persona que padece una depresión. Para conseguir esto, la familia debería actuar en cuatro dimensiones: detectando los síntomas, conteniendo la angustia, acompañando al paciente deprimido y favoreciendo la adherencia al tratamiento.

# 1.- Detectando los síntomas de la depresión

Así como una enfermedad física se puede diagnosticar por sus síntomas: dolor, fiebre, malestar general, mareos, etc., la enfermedad depresiva también se puede detectar a través de síntomas y comportamientos más o menos encubiertos. Cuanto más atentos estemos a la conducta de nuestros allegados, antes podremos observar si existe algún indicio de depresión y de esta forma posibilitar un tratamiento inmediato.

En general, se puede decir que la depresión se manifiesta por síntomas fisiológicos y psíquicos, mantenidos al menos durante un mes (insomnio, falta de apetito, pérdida de la atención y concentración, etc.), pero sobre todo por alteración de la esfera afectiva. Son ‘señales de humo’ (síntomas) que nos indican que hay ‘fuego’ (depresión).

Los familiares pueden servirse de las tres preguntas del test que se emplea para saber si una persona está deprimida. Es decir, si la respuesta a las tres preguntas es afirmativa, podremos al menos sospechar de la posibilidad de una enfermedad depresiva y consultar a un profesional de la psicología. Las tres preguntas en cuestión son las siguientes:

→  Durante el pasado mes, ¿has sufrido con mucha frecuencia la sensación de estar triste o desesperado?

→  Durante el pasado mes, ¿has sufrido, de manera continua, pérdida de interés o del placer que le provocaba realizar ciertas actividades?

→  Durante el pasado mes, ¿has pensado o has sentido deseos de dejar de vivir?

Es evidente que todos los miembros del sistema familiar deben estar atentos a los cambios que se pueden producir en alguno de sus miembros, pues de alguna manera todos se pueden beneficiar del bienestar del resto. Lo que no es aceptable es negar la evidencia (graves síntomas de tristeza, ideas de muerte, falta de conexión con las situaciones y actividades que antes producían placer, etc.) No porque se niegue el problema se soluciona. Para ilustrar esta idea podemos recordar la fábula de la zorra y las uvas de Esopo.

Moraleja: no podemos descalificar ni negar todo aquello que no podemos conseguir. Negando la realidad (las uvas eran grandes y jugosas), no con ello saciamos nuestra necesidad. De la misma manera, negando que nuestro familiar tiene comportamientos anómalos (tristeza, falta de concentración, apatía, etc.), no por ello va a estar bien.

# 2.- Conteniendo la angustia del deprimido

El Diccionario de la Real Academia Española define la contención como “acción de contener; siendo contener reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo, y, de forma figurada, reprimir o moderar una pasión”.

En el encuadre terapéutico, la contención “es el proceso mediante el cual podemos percibir la ansiedad (propia y ajena), notar que remueve en nosotros viejos conflictos, pero no pasar directamente a la acción".

Es decir, en nuestro caso, las familias contienen en tanto en cuanto evitan que las personas deprimidas se descompensen y que ellas mismas no se desborden al convivir con un familiar deprimido. Por eso podemos afirmar que la contención tiene un doble objetivo: respecto al enfermo identificado y respecto al resto de la familia.

Contener es algo más que ser un mero receptáculo del sufrimiento del otro. No es solamente ‘tragarse’ el conflicto del familiar con depresión. Es lo que hacemos cuando, desde una “posición de sanos”, criticamos las conductas, damos consejos o soluciones enlatadas. Algo así como 'vender un producto' sin ninguna connotación emocional o afectiva. 

En muchas ocasiones, lo que esconde esta actitud es nuestra propia fragilidad y falta de empatía para comprender el sentimiento del familiar deprimido. Por eso, una adecuada contención parte del propio conocimiento de nuestro familiar (de sus posibilidades y sus límites) y de darle la oportunidad para que explique de manera tranquila, clara y sin meterle prisa toda la dimensión del problema, permitiéndole la expresión de sus sentimientos más negativos, aunque esto nos produzca angustia.

Por nuestra parte, evitaremos responderle con los tópicos como “esto se pasará muy pronto”, “debes poner de tu parte” o “sal y distráete”, de uso tan frecuente.

Es recomendable que, durante el episodio depresivo, el enfermo evite tomar decisiones importantes (separarse, cambiar de trabajo, etc.), dado que la posibilidad de equivocarse es muy grande. En esas circunstancias, la persona deprimida, inmersa en su sentimiento de tristeza, no está en la mejor posición para elegir la alternativa más adecuada.

Y, en todo caso, dependiendo de la gravedad de la situación, le aconsejaremos consultar con un profesional de la salud mental (psicólogo o psiquiatra).
como ayudar a una persona deprimida

# 3.- Acompañando al enfermo deprimido

¿Cuál es la esencia de nuestra sociedad: el individuo o el grupo? Desde la posición de la psicología clásica se puede afirmar que el individuo sería el sujeto fundamental. No obstante, siguiendo a Bion, habría que primar al grupo sobre el individuo. Es decir, el grupo es el que moldea a la persona y la configura. Todos pertenecemos a una estructura grupal (familiar, laboral, social, etc.) Solamente se puede vivir en relación a un grupo, aceptándolo o rechazándolo, dependiendo de él o intentando independizarse del mismo, o bien esperando mágicamente que nos solucione todos nuestros problemas. Pero siempre el grupo será el que nos defina. Lo primero es el grupo, y este es el que da sentido y significado al individuo. El grupo no es solamente la suma de personas, sino que éstas además son configuradas por el grupo.

Uno es alguien (individuo distinto del que se sienta a nuestro lado) en tanto en cuanto pertenece a una familia concreta, a un barrio definido o a un grupo de amigos con características propias. Es más, somos así o de otra manera porque hemos vivido y nos hemos desarrollado en un grupo específico. El grupo, pues, constituye y da sentido al individuo, no a la inversa.

En nuestra cultura, la familia es el grupo por antonomasia que nos configura y nos estructura. Somos lo que es nuestra familia. De ahí su importancia y también su poder para la solución satisfactoria de cualquier adversidad de sus miembros. Por eso, ante la enfermedad depresiva, una familia cohesionada y respetuosa con el otro será un buen puntal para que la persona deprimida supere esa situación crítica. Sus miembros deben estar próximos, pero sin ahogar al otro; lejanos, pero sin olvidar al resto de la familia. Esto me recuerda la fábula del puerco espín.

La moraleja de esta historia es simple: la mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades. Las familias que mejor funcionan son aquellas que saben mantener una equidistancia de los demás: ni demasiado cerca (para no pincharse) ni demasiado lejos (para poder darse calor unos con otros). Fue lo que hicieron los puercoespines, y por eso sobrevivieron.

Características del buen acompañamiento al familiar deprimido

Acompañar en el proceso depresivo, de alguna manera, es compartir el sufrimiento del sinsentido de esa situación. También aquí, como los puercoespines, debemos estar cerca para dar calor y apoyo a la persona deprimida, pero lo suficientemente lejos para que no nos ‘pinchemos’ y nos contagiemos de la angustia del otro. He aquí las características más significativas:

a) Crear un clima de confianza y seguridad. En muchas ocasiones, la persona que padece una depresión se siente incomprendida por los que le rodean. Piensa que el resto de la familia cree que es una manipuladora, o que exagera, o que pretende ser el centro de atención, etc. Y aunque la persona deprimida puntualmente pueda disfrutar de algunas ‘alegrías’ (la caricia de un nieto, una buena comida, etc.), eso no es óbice para seguir pensando que padece una enfermedad.

Una actitud sana ante el familiar deprimido es reforzar sus logros (levantase a una hora prudente, hacer las tareas domésticas, etc.) y también procurar objetivar la dimensión real de los problemas cotidianos. La persona deprimida tiende a vivir tan intensamente las contrariedades diarias (llegar tarde a una consulta, olvidarse de preparar la comida, etc.) que son una fuente de sufrimiento intenso.

También se debe permitir la exteriorización de los sentimientos, aunque sean muy negativos: muerte, suicidio, desesperación, aburrimiento, etc. El hecho mismo de poner palabra a esas vivencias ya es terapéutico.

b) Informar. Los familiares deben estar dispuestos a pedir información a los profesionales de la salud mental sobre el proceso depresivo, y estos deben ser solícitos a proporcionarla. De esta forma evitaremos que los mitos sobre la depresión dirijan el comportamiento familiar. 

También los familiares deberían informar a los profesionales de la salud mental de la evolución del familiar deprimido y las dificultades y posibilidades que contemplan para su total recuperación.

c) Metas realistas y cambios graduales. La recuperación de una enfermedad depresiva es un proceso y la curación no se produce de la mañana a la noche, sino que su evolución generalmente es en dientes de sierra: se van sucediendo días buenos, días menos buenos y días malos, hasta que se consigue “ese equilibrio inestable” que es la salud mental. Por tanto, los cambios son graduales, o, como decía mi viejo maestro de escuela, Don Fulgencio: “Así como una escalera no la podemos subir de una vez, sino escalón a escalón, también la vida tiene sus avances y retrocesos”.

Será preciso, pues, que nos planteemos metas realistas y no metas ambiciosas que no podamos cumplir. Así, a una persona que se levanta todos los días a las tres de la tarde no es muy realista proponerle que se levante al día siguiente a las nueve de la mañana (objetivo que no se cumplirá), sino que más bien habrá de ir reduciendo paulatinamente las horas de sueño.

# 4.- Favoreciendo la adherencia al tratamiento contra la depresión

Es la cuarta dimensión en que la familia puede ayudar a una persona deprimida. Pero, en primer lugar, debemos distinguir entre “cumplimiento” y “adherencia al tratamiento”. Lo primero hace referencia a la necesidad de realizar el tratamiento (sobre todo el farmacológico) según las estrictas indicaciones del médico. Aquí el enfermo es solamente un sujeto pasivo y un ejecutor de las prescripciones médicas, y la familia se convierte en la responsable de que el tratamiento se lleve a efecto. Sin embargo, la “adherencia” es algo más: implica no solo cumplir el tratamiento prescrito, sino también un cambio en el estilo de vida, si fuera preciso (incluso pudiera implicar un cambio en las relaciones sociales y familiares).

De esta forma, el enfermo es un agente activo de su proceso curativo y el sistema familiar se convierte en un facilitador de la curación. Es, pues, en este proceso dinámico donde la familia puede ayudar con su aliento, pero sobre todo con una actitud comprensiva de la enfermedad y de la respuesta al familiar deprimido.

Como bien indica la organización Mundial de la Salud (OMS), “la adherencia al tratamiento es el grado en que el comportamiento de una persona (tomar el medicamento, seguir un régimen alimentario y ejecutar cambios en el modo de vida) se corresponde con las recomendaciones de un prestador de la asistencia sanitaria”.

Así pues, la adherencia al tratamiento no solamente se refiere a las indicaciones médicas, sino también a las recomendaciones dadas por los profesionales de la salud en general.

# 5.- Depresión y adherencia al tratamiento

Según varios estudios, las personas que padecen una depresión tienen una baja adherencia al tratamiento, sobre todo al farmacológico. Y esto se incrementa si la persona de no tiene ningún vínculo familiar ni social o bien carece de algún apoyo emocional.

En un informe de la OMS se señala que “los datos sobre pacientes con depresión revelan que entre un 40 y un 70% se adhieren a los tratamientos antidepresivos”.

Hay que tener en cuenta que la enfermedad depresiva tiene tasas de recaídas y recurrencias muy altas. “Tras un primer episodio hay más de un 40% de recurrencia en un período de dos años. Tras dos episodios, el riesgo de recurrencia, en cinco años, es del 75 %. Además, el entre un 10 y un 30% de los pacientes tratados no tendrá una recuperación completa, persistiendo sintomatología o desarrollando una distimia (una forma leve, aunque crónica, de depresión)”.

Por todo esto podemos señalar, entre los riesgos de la no adherencia al tratamiento, las siguientes consecuencias: recaídas y recurrencias más frecuentes e intensas, mayor riesgo de suicidio y, consecuentemente, mayor discapacidad y sufrimiento del paciente deprimido y de la familia. En el caso de que no se tomara correctamente el tratamiento farmacológico (mayor o menor dosis de la prescrita, etc.) puede producir desde toxicidad a un menor resultado del tratamiento.

El documento de la OMS antes citado señala cinco dimensiones que favorecen la adherencia terapéutica: el equipo de salud, el tipo de enfermedad, la personalidad del paciente, el tratamiento prescrito y la situación socioeconómica y familiar.

Considero que, en el caso de la enfermedad depresiva, tres son los pilares fundamentales para favorecer una buena adherencia terapéutica: la actitud de los profesionales de la salud mental (psiquiatra, psicólogo, etc.), la personalidad del paciente deprimido y la actitud de la familia.

Cuanto mejor se establezca la alianza terapéutica (proximidad del profesional, clarificación de sus indicaciones, actitud comprensiva y explicativa del proceso depresivo, etc.), mayor posibilidad habrá de una buena adherencia al tratamiento.

En cuanto a la personalidad del enfermo, es evidente que las personalidades narcisistas (lo saben todo) o antisociales (están en contra de todo), por poner solo dos ejemplos, son las menos proclives a adherirse al tratamiento. Analizamos a continuación el tercer pilar: la actitud de la familia.

# 6.- Adherencia al tratamiento y familia de la persona deprimida

Respecto a la función del grupo familiar en este proceso de adherencia al tratamiento, es necesario, sobre todo, que la familia acepte a la persona deprimida, asumiendo que padece una enfermedad y que, por tanto, no está así porque quiere o porque no tiene voluntad para afrontar los conflictos diarios.

Además, hay que insistir en la necesidad de clarificar las creencias e ideas erróneas que el paciente puede sentir sobre la enfermedad depresiva (recordemos los mitos antes señalados), y por eso hay que ofrecer una información cualificada, veraz y adaptada a la propia familia para que esta pueda comprender lo que significa la enfermedad depresiva.

Asimismo, la familia tendrá que conocer e informar sobre los efectos secundarios de los fármacos y también de la importancia de un tratamiento psicoterapéutico.

No siempre la familia puede ayudar a una persona deprimida de forma adecuada. En muchas ocasiones, la atención a un enfermo crónico termina por agotar sobre todo al cuidador principal. Como me decía en una ocasión el esposo de una mujer con esclerosis en placas: “Mi situación es similar a abrazar un puercoespín y no querer pincharme”. Es decir, había llegado a una sobresaturación de angustia que cualquier acción, por pequeña que fuera, le producía sufrimiento.

Es lo que algunos autores han llamado la claudicación familiar, que se define como “la incapacidad de los familiares para ofrecer una respuesta adecuada a las múltiples demandas y necesidades del enfermo. Esta se refleja en la dificultad de mantener una comunicación positiva con el enfermo entre los miembros sanos y con el equipo de cuidados”. La crisis de claudicación familiar se da cuando los miembros de la familia, en su conjunto, son incapaces de dar una respuesta conveniente; puede ser un episodio momentáneo, temporal o definitivo.

Cuando la enfermedad depresiva se cronifica, también existe el peligro de que la familia claudique ante esa situación: sus miembros se muestran más intolerantes con el familiar deprimido, se irritan con mayor facilidad y existe el riesgo de que ellos mismos sufran una depresión. Incluso, en algún momento de mucho sufrimiento y desgaste, pueden sentir como una liberación la posible muerte del enfermo crónico.

En principio es preciso afirmar que, desde la psicología, es comprensible cierto malestar y cansancio ante la depresión crónica, y que se sienta el impulso de "tirar la toalla" y salir corriendo o, lo que es lo mismo, abandonar al familiar deprimido a su suerte. Ese sentimiento no es patológico; es anormal si lo llevamos a la práctica, recriminando al paciente su actitud, agrediéndole verbalmente por su pasividad, etc. Por tanto, podemos concluir diciendo que el sentir repulsa ante la persona deprimida no es patológico; lo irracional es cuando esa vivencia se refleja en conductas de abandono o de chantaje que pueden herir al otro.

ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología


domingo, 22 de noviembre de 2015

¿ES EL AMOR UN ARTE? (2ª PARTE)

¿Recordáis la primera parte de este artículo dedicado al libro de Eric Fromm “El arte de amar”, que publicamos en este mismo blog anteriormente? Allí comentábamos que considerando el ejercicio del amor como un arte, íbamos a necesitar conocer algo de su teoría y práctica. Personalmente decidí empezar con la práctica, más bien por una serie de requisitos que según el autor eran imprescindibles a la hora de poner en práctica cualquier arte, fuese el que fuese. Recordemos… eran la práctica de la disciplina, la concentración y la paciencia . ¿Os habéis puesto en marcha? Yo estoy en ello. Vamos ahora a ver que nos dice el autor sobre la teoría del amor. 
Voy a centrarme solamente en una parte, la que se refiere a los cuatro elementos comunes a todas las formas de amor. Son muchas las reflexiones y consideraciones de Fromm sobre el amor, los objetos amorosos, el amor simbiótico versus el amor maduro… en fin, una vez más os invito a leerlo y a disfrutar de su lenguaje claro y directo. Vale la pena, os lo aseguro.

Retomando los cuatro elementos que os he mencionado, el primero de ellos sería el del CUIDADO. Si nos adentramos en los orígenes del significado de esta palabra, encontramos que proviene del latín “cogitatus” que significa: 
-reflexión, pensamiento, interés reflexivo que uno pone en algo, y
-llevar adelante, hacer avanzar, mover, tratar, actuar.

Según esto y en palabras de Fromm cuidar sería “preocuparse activamente por la vida y el crecimiento de lo que amamos”, tanto si amamos a una planta, a una persona, a un animal…cuando sentimos amor hacia alguien o hacia algo, se nota por el cuidado con el que tratamos a eso que amamos.
“Si una mujer nos dijera que ama a las flores y viéramos que se olvida de regarlas, no creeríamos en su amor a las flores”. 

Primera pregunta que nos podemos hacer a modo de reflexión:
¿Estoy cuidando aquello que amo?

El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: la RESPONSABILIDAD. Esta palabra que nos conecta con el sentido del deber y la obligación es, sin embargo, en su verdadero sentido un acto enteramente libre y voluntario. Ser responsable significa “estar listo y dispuesto a responder”. En palabras del autor “la persona que ama responde. La vida de su hermano no es sólo asunto de su hermano, sino propio”. Si lo aplicamos al amor entre adultos, ser responsable implica que estoy atent@ sobre todo a las necesidades psíquicas de la otra persona.

Segunda pregunta para la reflexión:
¿Estoy siendo responsable con aquello que amo?

Sin embargo, ante tal sentido de la responsabilidad corremos el riesgo de convertirnos en seres dominantes y posesivos. ¿Cómo evitar esto? Pues, siguiendo a Fromm, teniendo en cuenta el RESPETO. La palabra respeto proviene del “respicere” que quiere decir mirar de nuevo, y ¿qué quiere decir aquí mirar? pues quiere decir “la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única”. Si decimos que amamos a alguien podemos decir que nos sentimos un@ con él o con ella, pero ¡cuidado!, con él o con ella tal y como es esa persona y no tal y como yo quiero que sea.
El respeto se da cuando somos libres e independientes, cuando podemos caminar por la vida sin dominar a nadie y sin ser dominad@s por nadie. Respetamos porque ante todo reconocemos la libertad de cada un@ de ser como es.

Tercera pregunta para la reflexión:
¿Estoy respetando aquello que amo?

Y también, para respetar a una persona es preciso conocerla. Aquí llegamos al cuarto elemento básico común a toda forma de amor: el CONOCIMIENTO. Sabemos que hay muchos niveles de conocimiento, lo importante es saber que el que constituye un aspecto del amor, es un conocimiento que va más allá del conocimiento superficial. Cuando se da el amor, nos abrimos al conocimiento puramente vivencial. Es a través del acto de amar que nos entregamos al descubrimiento del otro así como a nuestro propio descubrimiento. Según Fromm la única forma de alcanzar el conocimiento total consiste en el acto de amar, ya que es un acto que trasciende el pensamiento y las palabras. Algunos lo han llamado el conocimiento silencioso.

Quiero deciros que Fromm no desprecia el conocimiento que procede del pensamiento, muy al contrario afirma que el conocimiento de tipo psicológico es una condición necesaria para alcanzar el pleno conocimiento en el acto de amar, en palabras suyas “tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad o, más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella”
Pero aun así, el autor mantiene que la experiencia de la unión –ya sea con otro ser humano o con lo divino- lleva al pensamiento al radical reconocimiento de sus propias limitaciones, afirmando que al conocimiento verdadero se llega a través de la experiencia viva del amor.

Cuarta pregunta para la reflexión:
¿Estoy conociendo aquello que amo?

Hasta aquí un pequeño extracto de la parte teórica del arte de amar. En ella hemos visto que según Fromm hay cuatro elementos básicos presentes en cualquier fórmula amorosa: el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. Estos cuatro componentes van a estar presentes en cualquier cóctel de amor a modo de indicadores del nivel de madurez del mismo. 

Pero… antes de preparar la pócima de amor y dársela a tomar a alguien…

Quinta y última pregunta para la reflexión:
¿Me cuido, me responsabilizo de mí, me respeto y me conozco?
Si la respuesta es sí, todo perfecto.
Si la respuesta es no, tranquil@, también todo perfecto, pues resulta que en muchas ocasiones… cuidando aprendo a cuidarme, tomando responsabilidades aprendo a responsabilizarme de mí, respetando aprendo a respetarme y conociendo aprendo a conocerme a mí… así que ¡Enhorabuena! Estás en condiciones de convertirte en artista del amor a partir de ¡ya!

"El amor es un acto de fe"
"La práctica de la fe y el valor comienza con los pequeños detalles de la vida diaria"


Autora: Remeis Jiménez. Filósofa y Terapeuta Gestalt Integrativa, Colaboradora del T.E. de Valencia.
http://elblogdelacasadelapaz.blogspot.com.es/2015/11/es-el-amor-un-arte-2-parte.html

Fuente: El arte de amar. Erich Fromm. Editorial Paidós, 2007