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miércoles, 15 de marzo de 2023

Los Ciclos de la Dependencia Emocional

Los Ciclos de Dependencia Emocional, (Psicoeducación).

Entender la Dependencia Emocional.

DefiniciónDependencia emocional: Una necesidad excesiva de afecto y aprobación por parte de la pareja, que puede llevar a la pérdida de identidad y autonomía.

Características:

Inseguridad y miedo al abandono: La persona dependiente teme constantemente que su pareja la abandone.

Necesidad de aprobación: La autoestima del dependiente está ligada a la validación de su pareja.

Sacrificio personal: El dependiente a menudo sacrifica sus propias necesidades y deseos para satisfacer a su pareja.


Identificar los Ciclos de Dependencia

Ciclo de Dependencia:

Inicio de la Relación: La relación comienza con altos niveles de afecto y atención, lo que refuerza la dependencia emocional.

Aumento de la Dependencia: La persona dependiente empieza a centrar su vida alrededor de la pareja, descuidando otras áreas importantes.

Conductas de Sumisión: Para evitar conflictos y el miedo al abandono, el dependiente cede ante las demandas de su pareja, incluso si estas son injustas o dañinas.

Deterioro del Bienestar: La dependencia lleva a una disminución de la autoestima, ansiedad, y en algunos casos, depresión.

Conflictos y Tensión: Las dinámicas de poder y control pueden llevar a conflictos, aumentando la tensión en la relación.

Reafirmación del Ciclo: A pesar de los conflictos, el dependiente se aferra a la relación, reforzando el ciclo de dependencia.


Impacto en el Bienestar:

Autoestima Baja: La persona dependiente pierde confianza en sí misma, ya que su valor personal depende de la aprobación de su pareja.

Aislamiento Social: Puede aislarse de amigos y familiares para centrarse únicamente en la relación.

Ansiedad y Depresión: La constante preocupación por la relación y el miedo al abandono pueden llevar a problemas de salud mental.

Pérdida de Autonomía: La persona deja de tomar decisiones independientes, basándose siempre en la opinión de su pareja.


Estrategias para Romper el Ciclo de Dependencia

Autoconciencia:

Reflexión Personal: Fomentar la reflexión sobre los propios comportamientos y patrones de dependencia.

Identificación de Triggers (disparadores): Ayudar al cliente a identificar situaciones o comportamientos específicos que desencadenan su dependencia emocional.


Fortalecimiento de la Autoestima:

Reconocimiento de Logros: Animar al cliente a reconocer y celebrar sus logros y cualidades personales.

Desarrollo de Habilidades: Fomentar la adquisición de nuevas habilidades y hobbies que refuercen su sentido de competencia y autonomía.


Establecimiento de Límites:

Definición de Límites Personales: Ayudar al cliente a identificar y establecer límites saludables en su relación. Practica escenarios en los que pueda decir "no" o pedir espacio sin sentirse culpable.

Práctica de la Asertividad: Enseñar técnicas de comunicación asertiva para expresar necesidades y deseos de manera respetuosa pero firme.


Red de Apoyo:

Reconexión Social: Animar al cliente a reconectar con amigos y familiares, fortaleciendo su red de apoyo fuera de la relación.

Actividades Grupales: Participar en actividades grupales o comunitarias para desarrollar relaciones saludables y equilibradas.


Fomento de Actividades Gratificantes:

Actividades gratificantes: Anima al cliente a participar en actividades que disfrute y que no estén relacionadas con su pareja.

Fomentar la conexión: Fomenta la reconexión con amigos y familiares, y la búsqueda de nuevas aficiones.


Terapia Individual:

Intervenciones Psicológicas: Continuar con la terapia para abordar problemas subyacentes, como la baja autoestima y la ansiedad.

Proporcionar un espacio seguro: para que el cliente exprese sus sentimientos y preocupaciones ofreciendo apoyo emocional y validando sus experiencias.

Manejo del Estrés: Introducir técnicas de manejo del estrés y mindfulness para mejorar el bienestar emocional.


Ejemplos Prácticos y Ejercicios

Ejercicios de Reflexión:

Diario Personal: Mantener un diario donde el cliente pueda reflexionar sobre sus emociones, decisiones y el impacto de la relación en su bienestar.

Listas de Gratitud: Escribir listas de cosas por las que está agradecido fuera de su relación, para reforzar una perspectiva positiva y autónoma.

Role-Playing:

Simulación de Situaciones: Practicar conversaciones y situaciones en un entorno seguro, donde el cliente pueda ensayar cómo establecer límites y expresar sus necesidades.

Tareas Conductuales:

Desafíos Semanales: Establecer pequeños desafíos semanales para fomentar la independencia, como tomar decisiones sin consultar a la pareja o participar en actividades sociales.

Resumen:

Educar al paciente sobre los ciclos de dependencia emocional y su impacto en el bienestar es un paso crucial para ayudarle a desarrollar una relación más sana y equilibrada. A través de la comprensión, la autoconciencia y el fortalecimiento de habilidades personales, el paciente puede aprender a romper el ciclo de dependencia y construir una vida más autónoma y satisfactoria.



Autor: JC Navarro Marzo-Perpiñán. Psicólogo General Sanitario CV.14060.


sábado, 13 de marzo de 2021

Qué puede hacer la familia de un depresivo para ayudarle

Que la depresión es una enfermedad que causa mucho sufrimiento es algo que testimonian todos cuantos la han padecido. También quienes, por razones de su profesión, les acompañan en ese doloroso proceso. La importancia que, en tales circunstancias, adquiere la familia como elemento de contención merece ser destacada. En medio de la experiencia de desconcierto, de estrés y, frecuentemente, de impotencia ante el sufrimiento en el que se debate la persona querida, se convertirá en un valiosísimo instrumento de ayuda si sabe controlar la ansiedad y actuar siguiendo las pautas que, de acuerdo a lo que recomiendan los expertos, son las más indicadas en el trato con las personas que adolecen de una grave depresión. Subrayaré algunas de ellas:

1.- Ponerle en manos de profesionales.
La depresión es una enfermedad grave. La intervención terapéutica sobre el deprimido no puede dejarse en manos de aficionados que, con indicaciones, a veces, contraproducentes, creen poder sacarle del pozo de desolación en el que se siente hundido. El principio de la sanación pasa por persuadirle de que precisa la intervención de especialistas en psiquiatría o en psicología. Convencerle, no siempre resultará fácil, pero es absolutamente imprescindible. El tacto y la delicadeza con que realicen esa tarea contribuirán a vencer resistencias y superar recelos. En cualquier caso, la familia deberá mostrarse persistente a este respecto, dispuesta siempre a acompañar al enfermo a la consulta médica y no oponerse, si así lo aconsejan los profesionales, a su internamiento.

2.- Ayudarle a aceptar la enfermedad.
Nadie es culpable de padecer una enfermedad. Cuando ésta se instala en una casa, tanto quien la sufre como quienes le rodean quedan profundamente afectados. Es difícil para la persona enferma aceptar su condición de tal. Tampoco es fácil para el resto de la familia. Sin embargo, el principio detodo proceso terapéutico pasa por asumir esa situación. Reconocer el hecho, aceptar las limitaciones que supone para el enfermo y para su entorno, reevaluar la relación emocional que se mantiene con él, modificar las expectativas que pudieran tenerse y ayudarle a que, tras el natural periodo de negación, tristeza o rabia, acepte lo que no está en sus manos evitar. Si eso se consigue y se mantiene el propósito de colaborar con los expertos en salud mental, se habrá entrado en la vía que conducirá a aminorar las consecuencias de la enfermedad.

3.- Estar a su lado.
Quienes nunca hemos experimentado un episodio depresivo tenemos dificultades para entender el grado de sufrimiento, desamparo y pérdida de sentido en que queda sumido el depresivo. No necesita piadosas recomendaciones, ni constantes invitaciones a que levante el ánimo o a que ponga más de su parte. ¡Cómo si eso fuera algo que depende de su voluntad!... Necesita de personas empáticas que no le juzguen, que le muestren comprensión, que, sencillamente, sepan estar a su lado.


4.-Respetar sus silencios.
Y hacerle llegar que se es consciente de su pesar y se está dispuesto a ayudarle. Disposición a escucharle, si quiere hablar, y comprensión y respeto, si prefiere guardar silencio. Sin olvidar que la tendencia al aislamiento y la dificultad comunicativa forman parte de la sintomatología del depresivo. Es absurdo presionarle para que se muestre expansivo o sociable como si eso fuera algo que estuviera a su alcance. Esas actitudes le tensionan y le hacen sentirse más solo ante la evidencia de que quienes le rodean no parecen percatarse de las limitaciones que le impone su enfermedad y del profundo dolor que las mismas le producen.

5.- No pedirle explicaciones.
Sencillamente, porque no las puede dar. Tampoco él sabe qué le pasa. Exigírselas es una torpeza que le provocará irritación. Y que reforzará su convicción de no ser entendido. Demandar explicaciones racionales para algo que nada tiene que ver con la razón, no es, si se me permite la redundancia, nada razonable y refuerza al depresivo en su experiencia de profunda soledad. Lope de Vega que sufrió graves depresiones, dice: “Si me preguntase a mí mismo qué mal tengo, no sabría responderme, por mucho tiempo que lo pensase”.

6.- Huir de los consejos.
Las invitaciones a que se anime, a que ponga de su parte, a que salga, a que se divierta, a que participe en actividades… son indicaciones condenadas al fracaso. Simplemente, porque no está en sus manos seguirlas. Refiriéndose a su experiencia terapéutica, recordaba el Dr. Vallejo Nájera que casi todos los que han padecido una depresión referían, pasado el tiempo, la angustia que les producían esas consignas dictadas por la buena fe de sus allegados. Sin entender que el bloqueo que sufre le lleva a ver cualquier tarea, por rutinaria o nimia que parezca, como una carga abrumadora.

7.- No presionarle.
De ahí la importancia de evitar consignas en ese sentido. La depresión, ya lo dijimos, no es algo que se elija. Tampoco algo cuya superación dependa de la libre voluntad. Insistirle para que se comprometa con actividades con las que no se siente cómodo resulta contraproducente. Lo explica gráficamente, de nuevo, Vallejo Nájera: “La depresión imposibilita para el disfrute de nada. Si le lleva a una película cómica, ‘le llevé para ver si se reía un poco’, sólo percibirá el enorme esfuerzo que le cuesta salir de casa, que no es capaz de seguir la acción del film porque se fatiga su atención, que los demás ríen y el permanece indiferente y que tiende a ensimismarse dando vueltas a sus negros pensamientos sin atender a la proyección. Si ocurre esto en algo pasivo y agradable como ver una película cómica, podemos deducir cómo queda aplastado si se le obliga a acudir al trabajo, a enfrentarse con un problema o una ardua tarea para la que se siente incapacitado”.

8.- Trasmitirle esperanza.
La vivencia depresiva es, lo venimos diciendo, difícilmente definible. La pena, la desesperanza, la angustia, la desgana, la sensación de impotencia se amalgaman en lo más hondo del alma y hace que quien experimenta tan desasosegantes emociones, se perciba como en un callejón sin salida, como en una oscura mazmorra de la que jamás podrá ser liberado. Quienes le son más próximos siempre podrán ofrecerle una pizca de esperanza. Y hacerlo con legítima coherencia persuadiéndole de que, aunque en esos momentos no pueda entenderlo, sí que hay salida de esa cárcel y luz al final de su túnel. La depresión es una enfermedad tratable y quien sigue las pautas que le marquen los profesionales puede abrazar la legítima esperanza de que llegará la mejoría.

9.- Reforzarle positivamente.
Rasgo relevante del depresivo es su déficit de autoestima. Tiende a ignorar sus luces y a recrearse en sus sombras, a recordar sus fracasos y a pasar por alto las ocasiones en que le sonrió el éxito, a destacar sus defectos y subrayar sus debilidades, obviando sus virtudes y los méritos contraídos a lo largo de su vida. En tales circunstancias, el papel de la familia es clave para resaltar sus cualidades, poner en valor las múltiples capacidades que atesora y, por encima de todo, lo mucho que, a pesar de las dificultades del momento presente, él o ella significan para quienes tanto les quieren.

10.- Cuidarse a sí mismo.
Una última consideración. Convivir con el depresivo es todo menos fácil. Los estados anímicos son, a poco que uno se descuide, contagiosos. Cuando son negativos tienden a generar, en su entorno, vivencias profundamente dolorosas y emociones contradictorias de difícil manejo. Cuidar a un depresivo es un desafío no menor para el que hay que saber prepararse y ante el que uno debe protegerse. No es fácil convivir y cuidar de alguien que se ha instalado en la tristeza, que puede tener comportamientos no fáciles de entender y con quien la comunicación es siempre complicada.
En tales circunstancias convendrá hacerse cargo de las preocupaciones y sentimientos de los distintos miembros de la familia, prestarse apoyo mutuo e intentar controlar las situaciones generadoras de estrés. La atención al deprimido no puede absorber todos sus recursos afectivos de manera que se descuide el “autocuidado” de todos y cada uno de los integrantes de la familia. Es un grave error dejarse atrapar por el duro oficio de cuidador, eliminando espacios en los que se puedan atender las propias necesidades. Quien no sabe cuidarse difícilmente podrá ser un buen agente de ayuda. Acabará culpabilizando al enfermo, perpetuando la situación de la que pretendía liberarlo. Velar, pues, por uno mismo, lejos de ser una expresión de egoísmo, constituye siempre una garantía de eficacia en el tratamiento del familiar enfermo.

Autor: JOSÉ MARÍA JIMÉNEZ RUIZ
Terapeuta familiar y vicepresidente del Teléfono de la Esperanza

sábado, 8 de noviembre de 2014

NUEVO CURSO DE "PADRES Y EDUCADORES" EN EL TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE VALENCIA:TE AYUDAMOS EN LA EDUCACIÓN DE TUS HIJ@S

¿Te sientes preparado/a para educar a tus hijos o alumnos?
¿Pierdes los nervios con facilidad?
¿Te cuesta ponerte de acuerdo con tu pareja o compañeros?
¿Conoces a tus hijos? ¿Crees conocerlos?
¿Qué tal te manejas con los conflictos en tu familia o en el aula?
¿Te cuesta entender por qué hace lo que hace?
¿Erre que erre? ¿Una y otra vez tropezando en la misma piedra?

Curso «Educadores Hoy» En Valencia.

Fecha de inicio del curso: 16 a 18 de Enero de 2015

Son tantas las preguntas que nos hacemos todos los días sobre la educación de nuestros hijos.¿Lo estaré haciendo bien? Nos asalta la duda. Y aparecen los conflictos: a veces nos sentimos impotentes,desbordados,con la sensación de no estar a la altura de lo que nuestros hijos y la sociedad actual nos demanda.Por ello,el Teléfono de la Esperanza organiza este curso,para dar respuesta a una necesidad acuciante: vivir en familia,educar a los hijos....ser felices todos juntos.

Este curso va dirigido a todos aquellos padres, madres y educadores que deseen:

* Disponer de un marco teórico que les ayude en la educación de sus hijos y educandos.
* Descubrir el funcionamiento de la familia como grupo donde todos pueden colaborar.
* Conocer técnicas adecuadas para afrontar conflictos familiares y escolares.

Los objetivos principales del curso son:

-Ofrecer a los participantes un marco teórico, consistente y actualizado, desde el cual se pueda iluminar su función de educadores.
-Sensibilizar a padres y educadores sobre la dinámica de la comunicación y su influencia psíquica en los miembros de las familias, y enseñarles destrezas funcionales de comunicación.
-Ayudar a que los padres,madres y educadores tomen conciencia del funcionamiento de las familias como un todo y de la responsabilidad de toda la familia en la aparición o resolución de los conflictos emocionales de sus miembros.
-Entrenar a padres,madres y  educadores en las técnicas adecuadas para afrontar de forma constructiva la resolución de los conflictos familiares y generacionales.

Lugar: En los locales del Teléfono de la Esperanza de Valencia, en C/. Espinosa nº 9 1º. 
Fecha: 16,17,18 de Enero de 2015

Contacto: 963 91 60 06  email:  valencia@telefonodelaesperanza.org


viernes, 3 de octubre de 2014

Influencia de la presencia paterna en la evolución psicoemocional de los hijos. JULIO BRONCHAL

INTRODUCIÓN: 

Ante la cuestión planteada, las distintas investigaciones y estudios psicológicos y sociológicos convergen en el mismo resultado: la ausencia del padre en la vida de los hijos tiene, en la inmensa mayoría de los casos, repercusiones negativas que se manifiestan en diferentes planos del ajuste adaptativo de los niños. La incidencia de estas consecuencias viene modulada por múltiples factores. Podemos citar, como los más significativos, la edad de los menores en la que se inicia la privación de la presencia paterna y la duración de la misma, las causas que la originan, el sexo de los hijos, variables psicológicas de los niños y factores del entorno de naturaleza familiar, social, cultural y económica.


Por ejemplo, las consecuencias que aparecen en los niños depende de su nivel de desarrollo. Así los preescolares tienden a manifestar conductas regresivas: insomnio, crisis de rabietas, angustia de separación, pérdida del control de esfínteres, regresión en los hábitos de limpieza, estancamiento en las adquisiciones cognitivas, temores fóbicos y sentimientos de culpabilidad. Los escolares muestran su ira intensa contra uno o ambos padres y pueden desarrollar cuadros depresivos, lo que conlleva una disminución del rendimiento académico y deterioro en las relaciones con sus compañeros ( Wallerstein 1980, 1987, 1990 ).


Los adolescentes son quienes más sufren a corto plazo inseguridad, soledad y depresión, que puede mostrarse en forma de fracaso escolar, conducta delictiva, consumo de drogas y vagancia. Los adolescentes y adultos jóvenes mantienen vivos los recuerdos a los 10 años del divorcio de sus padres, lo que les hace expresar angustia respecto a sus relaciones amorosas y a un posible fracaso matrimonial. Las repercusiones sobre los adolescentes también dependen de los factores de estrés psicosocial que pueden acompañar al divorcio (Wallerstein, 1991; Lasa, 1996; Weitzman, 1988 ).

Desde el punto de vista de las consecuencias, la investigación psicológica sobre los efectos de la ausencia del padre en la vida de los hijos se ha centrado, principalmente, en tres grandes grupos de variables:

  • Efectos sobre el ajuste escolar, el desarrollo cognitivo y los niveles de competencia intelectual de los niños, 
  • El desarrollo psico-sexual; 
  • y su ajuste psicológico, conductual y social.
Revisaremos, a continuación, investigaciones relevantes sobre cada una de estas grandes áreas.

AJUSTE ESCOLAR, DESARROLLO COGNITIVO Y NIVELES DE COMPETENCIA INTELECTUAL.

La mayoría de los estudios informan de problemas de ajuste escolar y mermas cognitivas en los niños asociadas a la ausencia del padre varón.

Lessing, Zagorin, y Nelson (1970) informan de cocientes intelectuales inferiores, verbales, y peores resultados en niños privados de la presencia paterna que en aquellos que la mantenían regularmente.

Shin (1978) , revisó más de cincuenta y cuatro estudios sobre los efectos en el desarrollo cognitivo de la privación paterna. Concluyó que la mayoría de ellos informaban de efectos negativos sobre las variables cognitivas estudiadas; nueve no encontraron diferencias y tres encontraban efectos positivos.

Los estudios de Biller (1974) , Hetherington, Camara y Featherman (1983) , Hetherington, Cox y Cox (1978) señalan que los resultados académicos de los hijos varones se ven afectados negativamente por la no presencia del padre.

Bisnaire, Firestone y Rynard (1990) señalan en su estudio que el acceso a ambos padres después de la separación era el factor que mejor protegía a los niños del descenso en su rendimiento académico:

"En resumen, el 30 % de los niños del presente estudio, mostraron un significativo descenso en sus rendimientos escolares posterior a la separación de sus padres, y éste seguía siendo evidente tres años después de la misma. Al acceso a ambos padres parecía ser el factor que más protegía, ya que se asociaba con el mejor ajuste académico... Más aún, los datos revelaron los padres no custodios (mayoritariamente los padres) resultaron ser muy influyentes en el desarrollo de sus hijos... Estos datos también apoyan la interpretación de que cuanto más tiempo está un niño con su padre no custodio mejor es el ajuste general del niño.” 


AJUSTE PSICOSEXUAL DE LOS MENORES

La investigación sugiere que la ausencia del padre está asociada a insidiosos efectos a largo plazo en el desarrollo psicosexual de los hijos.

Biller & Weiss, (1970) informan de actitudes inapropiadas hacia los roles sexuales. Tendencia hacia la promiscuidad y dificultades en las relaciones de pareja es el resultado encontrado en los trabajos de Hetherington (1972) , Hetherington et al. (1978) y Wallerstein y Kelly (1980) .

Efectos específicos sobre las niñas.

Los efectos, a largo plazo, encontrados para las niñas privadas tempranamente de la convivencia familiar con su padre incluían embarazos y matrimonios adolescentes, maternidad en soltería, altas probabilidades de relaciones heterosexuales que acabaran en divorcio y altas probabilidades de múltiples casamientos (McLanahan y Bumpass, 1998 ).

Lohr, Mendell y Riemer (1989) relacionan la ausencia del padre varón con dificultades, para las niñas, en la consolidación de una identificación femenina positiva y la asocian con problemas psicológicos, problemas académicos y agresión contra sus padres.

Frost y Pakiz (1990) , estudiando los efectos a medio y largo plazo de la ausencia del padre varón en las niñas, encontraron que las adolescentes que habían comenzado a experimentar la ausencia del padre antes de los seis años presentaban una alta probabilidad de abuso de drogas y alcohol, ausencias escolares, conductas depresivas y problemas de ajuste social. Lo que llama la atención es que un hecho muy anterior en el tiempo, la ausencia paterna, manifiesta sus consecuencias con todo dramatismo mucho tiempo después, en la adolescencia de las menores y, más adelante, en la vida adulta.

Conclusiones similares son las presentadas por el estudio de Kalter (1987) donde la ausencia del padre, consiguiente al divorcio, se asocia, para las niñas, con baja autoestima, precocidad sexual, comportamientos delictivos y dificultades, en la vida adulta, para el establecimiento de relaciones heterosexuales gratificantes. Esta autora explica la dinámica destructiva de la ausencia del padre varón en la vida de las niñas: éstas viven el alejamiento del padre con un profundo sentimiento de culpabilidad. Internalizan el sentimiento de inadecuación al considerar que el padre se aleja de sus vidas al no ser ellas lo suficientemente bonitas, cariñosas, atléticas o amables para conservarlo a su lado. Neil Kalter considera que el privar a las niñas de la experiencia del contacto con el padre varón provoca graves alteraciones, con consecuencias futuras indeseables, en la construcción de su sentimiento de feminidad y su ajuste psicológico y adaptación social.

En resumen, la ausencia del padre parece ir asociada, en las hijas, con una desestabilización emocional importante, de naturaleza insidiosa, que se manifiesta de manera dramática en edades posteriores a la infancia, esto es, la adolescencia y la vida adulta. Esta perturbación no tiene por qué tener una manifestación en el desempeño escolar de las niñas.


Efectos específicos sobre los niños.

La ausencia del padre parece tener los efectos más graves y dañinos en los niños varones (Bee , 1974 ; Hetherington et al., Cox, 1978 ; Mott, 1994 ).

Así aparecen graves carencias en los niños privados de la presencia paterna en el desarrollo de su identidad masculina (Mitchell y Wilson, 1967 ) y problemas de fracaso escolar (Cazenave , 1979 ).

Distintos estudios coinciden en señalar que estos nocivos efectos se manifiestan a corto, medio y largo plazo o pueden ser recurrentes en la vida adulta (Amato & Keith, 1991 ; Hetherington & Camara, 1988 ; Hetherington et al., 1978 ).

Parece ser que la ausencia del padre es un factor de riesgo en lo que se refiere al proceso de transición que comienza en la adolescencia y termina en una inserción exitosa en la comunidad.


AJUSTE PSICOLÓGICO Y SOCIAL.

Los estudios sobre los efectos del padre en la estabilidad psicológica y emocional de los hijos apuntan hacia la conclusión de que la privación paterna se asocia con una mayor probabilidad de que los niños presente desórdenes emocionales en diferentes estadios de su desarrollo evolutivo (Baydar, 1988 ; y también Amato, 1991 ).

La ausencia de uno del progenitor ha sido asociada por el Dr. Parish, citando a otros autores también, con trastornos mentales en el niño, ansiedad, tensión depresión y enfermedades psicosomáticas (Cartwright, Glenn F., 1993), con dificultades en el ajuste escolar (Felner, Ginter, Boike & Cowen), dificultades en el ajuste social (Fry & Grover), dificultades en el ajuste personal (Covell & Turnbull) y disminución de la autoestima en los niños .

Duncan Timms (University of Stockholm, 1991) realizó un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953, durante 18 años. Se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos 15.000 niños a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre.

Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de 17.000 menores de 17 años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics (1988 National Health Interview Survey of Child Health): el riesgo de disfunción psicológica (problemas emocionales y/o de conducta) es significativamente más alto para niños que han crecido sin padre (entre 2 y 3 veces más alto) (Dawson, 1991 ).

Ronald y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron un trabajo en 1993 en el que evalúan los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna. Dicen: "El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño" (Angel & Angel, 1993 ).

Otra fuente de datos proviene de la investigación sociológica norteamericana que, basándose en datos empíricos, también alerta sobre las consecuencias de los “hogares sin padre” (fatherless homes).

Así estudios realizado por diversas instituciones norteamericanas, públicas y privadas, señalan que:

  • “85% of all children that exhibit behavioral disorders come from fatherless homes. "85% de todos los niños que presentan trastornos de conducta provienen de hogares sin padre (Source: Center for Disease Control)
  • 90% of all homeless and runaway children are from fatherless homes. 90% de todos los niños sin hogar y fugitivos, son de hogares sin padre (Source: U.S. D.H.H.S., Bureau of the Census)
  • 71% of all high school dropouts come from fatherless homes. 71% de todos los estudiantes que abandonan la escuela provienen de hogares sin padre. (Source: National Principals Association Report on the State of High Schools.)
  • 75% of all adolescent patients in chemical abuse centers come from fatherless homes. 75% de todos los pacientes adolescentes en centros de abuso de drogas vienen de hogares sin padre.  (Source: Rainbows for all God's Children.)
  • 63% of youth suicides are from fatherless homes. 63% de los suicidios juveniles son de hogares sin padre. (Source: U.S. Departament of Health and Human Services, Bureau of the Census)
  • 80% of rapists motivated with displaced anger come from fatherless homes. 80% de los violadores motivados por la ira vienen de hogares sin padre. (Source: Criminal Justice & Behavior, Vol 14, p. 403-26, 1978)
  • 70% of juveniles in state-operated institutions come from fatherless homes. 70% de los menores en centros operados por el estado vienen de hogares sin padre. (Source: U.S. Dept. of Justice, Special Report, Sept 1988)
  • 85% of all youths sitting in prisons grew up in a fatherless home. 85% de todos los jóvenes que se sientan en las cárceles creció en un hogar sin padre. (Source: Fulton Co. Georgia jail populations, Texas Dept. of Corrections 1992)

Estas estadísticas, trasladadas matemáticamente advierten que, frente a un niño que conserva el contacto y la relación con su padre, un niño crecido sin padre:
  • es 5 veces más propenso a cometer suicidio,
  • 32 veces más propenso a irse de casa,
  • 20 veces más propenso a tener desordenes de conducta,
  • 14 veces más propenso a cometer actos de precocidad y abuso sexual,
  • 9 veces más propenso a abandonar los estudios,
  • 10 veces más propenso a abusar de substancias quimicas y drogas,
  • 9 veces más propenso a acabar en una institución estatal,
  • 20 veces más propenso a acabar en prisión.


CONCLUSIONES SOBRE LOS EFECTOS EN LOS HIJOS DE LA AUSENCIA PATERNA.

Las amenazas, que pesan sobre los niños privados de la presencia paterna, apoyan la tesis de la necesidad y conveniencia para los menores de la presencia del progenitor varón en su vida familiar. Estas evidencias no hacen más que demostrar empíricamente lo que es una intuición fácilmente comprensible: El niño precisa, para una evolución armónica, y para afrontar todas las tareas evolutivas pendientes, el modelo, la presencia, el afecto y el apoyo de ambos progenitores. Cada uno de ellos está llamado a favorecer desde roles complementarios, exclusivos, insustituibles y únicos la perfecta evolución de la personalidad de sus hijos. Consideramos que cuando, sin una razón muy fundamentada, se aleja a un padre, parentalmente competente, de sus hijos, se priva a los mismos de un recurso imprescindible para la construcción armónica de su propia personalidad y se le expone a un grave riesgo para su sano ajuste psicológico y social.


Julio Bronchal Cambra, psicólogo.