lunes, 15 de junio de 2015

TRATAR A UN ADOLESCENTE A TRAVÉS DE UNOS PADRES DIVORCIADOS

Motivo de consulta:

- Padres (divorciados) preocupados porque su hijo adolescente (17 años) consume habitualmente marihuana (THC). Suspende casi todo y se comporta agresivamente con la madre (con la que convive habitualmente). Acuden a consulta, después de haber pasado por varias ONGs especializadas en el tema (lógicamente, les dicen que no pueden tratar a su hijo si él no quiere).

*Decido tratar al chaval indirectamente, mediante la instrucción de los padres en cambios de conducta/pautas en comunicación asertiva, normativas (realizar por consenso, un contrato firmado por todas las partes implicadas, madre, padre e hijo, revisable) y aprendizaje en refuerzo positivo y negativo contingente y proporcionado para aquellas conductas consideradas problema en su hijo, eliminando el castigo y la prohibición.

Problemas esperados y que efectivamente surgieron:

- Resistencia inicial al cambio por parte del chaval. Resistencia al cambio por parte de los padres, tanto por la inversión de estilo parental (les pido a ambos que actúen como lo hace el otro progenitor, tienen estilos parentales diferentes: autoritario la madre y permisivo o indulgente el padre), como por el rechazo inicial a ignorar la conducta problema y reforzar positivamente (afecto, halagos...) y negativamente (quitar la paga...) en relación a las conductas a cumplir, establecidas en el contrato de convivencia y firmadas por su hijo.

- Durante el transcurso de la terapia, “salen a la luz” los verdaderos motivos que mantienen el comportamiento de su hijo. Los padres no han resuelto los problemas que generaron la decisión de divorciarse y les resulta muy complicado tener una relación “normal” de comunicación, cordial, frecuente y de respeto mutuo entre ellos. Este hecho, implicó/forzó la ruptura de la comunicación, del acuerdo y compromiso conjunto inicialmente establecido referente a la educación de su hijo y que motivó que acudiesen a consulta. La consecuencia fue un retroceso en los hitos conseguidos en la conducta positiva de su hijo. Tuve que dedicar varias sesiones a reestablecer la relación entre los progenitores y “hacerles ver” la influencia directa que este hecho tenía en la mejoría o empeoramiento del comportamiento de su hijo y en definitiva de aquello que habían venido a resolver.

Duración:

-16 sesiones de una hora de duración, cada una, una vez por semana.

Metodología:

- Cognitiva-comportamental.

- Sistémica (intervención paradógica, terapia estratégica breve).

*Aprendieron a reforzar consistentemente las conductas de su hijo, por consiguiente se consiguió un cambio positivo en el adolescente. Aprendieron a respetarse y valorarse como diferentes y necesarios. Aprendieron a “balancear” sus estilos parentales hacia el autorizativo** . El chaval, pasó de suspenderlo casi todo a aprobarlo casi todo ( a excepción de dos asignaturas). Cumplió con sus tareas en casa, tanto en la de la madre cómo en la del padre. Dejó de fumar en casa. Cumplió los horarios de llegada a casa firmados en el contrato. Dejó de tener conductas agresivas con la madre. Les comunicó a sus padres lo contento que estaba de verlos unidos, a pesar de tener que cumplir normas.

** Conviene recordar que el este estilo autorizativo: según investigaciones internacionales es el más positivo y el que mejor ajuste psicológico otorga a los hijos.

Consiste en dar afecto incondicional, a la vez que se le ponen normas. No obstante, en España no está tan clara su superioridad con respecto al estilo indulgente. Véase en línea disponible 

Por dicho motivo, yo instruyo en estilo autorizativo, sí, pero añado normas para el hijo y los padres, consensuadas democráticamente con el hijo, firmadas por los integrantes de la familia y revisables. A pesar de continuar llamado a dicho estilo autorizativo, porque entiendo que la palabra indulgente conlleva un sesgo que en mi práctica profesional ha resultado negativo.

PD: Obviamente, se han omitido muchos datos y el presente escrito no pretende ser exhaustivo.

Autora: Lorena Balderas. Psicóloga, Criminóloga y Colaboradora del Teléfono de la Esperanza de Valencia. 

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