Mostrando entradas con la etiqueta Perdón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perdón. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de diciembre de 2014

No es nada personal

La vida cotidiana pone a prueba el equilibrio emocional cada vez que nos sentimos ofendidos por otra persona. Puede ser alguien del entorno familiar, un jefe o compañero de trabajo, o incluso un desconocido que nos trata de forma que consideramos grosera.

A lo largo del día interactuamos con decenas de personas, lo cual brinda numerosas ocasiones para ofenderse y vivir con amargura. Porque lo peor de todo es que una vez producido el desencuentro, si no se hace nada para olvidarlo, el rencor puede quedar fluctuando por la cabeza durante horas… llegando a turbar incluso el descanso nocturno. En este artículo se va a ver por qué sucede y cómo poder deshacerse de este lastre.

El enfado ante las actitudes de los demás es una pura elección. Prueba de ello es que hay personas que no se inmutan por nada, mientras que otras saltan ante cualquier comentario, gesto o mirada que interpreten como hostil. ¿Dónde radica la diferencia entre unas y otras?

El doctor en psicología Martin Lyden opina que las personas susceptibles son aquellas que poseen menos empatía. Todo lo filtran según lo que harían ellas, y cualquier cosa que se salga de su propio código de conducta lo interpretan como un ataque.

Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas ocasiones para sentirte ofendido, las encontrarás cada dos por tres”. Mario Alonso Puig


Así, por ejemplo, a quien contesta los mensajes de su smartphone de inmediato le parecerá una falta de educación que el receptor no reaccione hasta varias horas después. La ofensa se basa en una mera interpretación, ya que el ofendido presupone que su interlocutor no tiene ganas de contestar, cuando tal vez sencillamente esté en una reunión de trabajo donde no puede hacerlo.

Otros motivos de ofensa pueden ser una respuesta demasiado seca por parte de alguien o bien un tono de voz inadecuado, entre muchas posibles razones.

Veamos qué sucede en la mente de alguien con “piel fina” ante una situación que considera de conflicto: 
  • El comentario o acción desafortunados despiertan ofensas pasadas, que pueden degenerar en un infierno mental. 
  • Merma de la autoestima debido al papel de víctima que asume el ofendido, a partir de la idea de que aquello ha pasado deliberadamente para humillarle. 
  • Deseo de venganza ante el daño recibido, lo que puede derivar en una discusión o en un “silencio castigador” para hacer notar al otro que nos ha herido.
  • Aumento de la ansiedad ante el cóctel de emociones negativas que se van albergando.

Neutralizar ofensas

Ante la tortura que supone pasar por estos estados mentales, a menudo debido a una menudencia, el doctor Martin Lyden propone un remedio de choque: “El humor implica un replanteamiento de lo que ha sucedido. Reconocer una incongruencia en una situación puede ser humorístico y, por lo tanto, sanador”. 

Uno de los grandes aprendizajes de todo ser humano es aceptar que las personas a nuestro alrededor nunca se expresarán como nosotros lo haríamos, ni se comportarán como esperamos, y no pasa nada. 

Pensemos en lo que debe sentir la estrella de un equipo de fútbol cuando salta al campo rival en medio de una tormenta de silbidos e insultos. Estos deportistas no pierden la calma y pueden jugar perfectamente concentrados, lo cual demuestra que cualquier persona puede blindarse ante la hostilidad ajena. 

Incluso cuando no es una percepción, sino una realidad contrastada por todos, tenemos la oportunidad de endurecer nuestra piel ante el ataque para que no nos afecte. 

En una ocasión le preguntaron al Dalai Lama por qué no estaba enfadado con el Gobierno comunista chino, después de haber tenido que exiliarse, entre muchos otros percances. Su respuesta fue: “Si me enojara, entonces no sería capaz de dormir por la noche o de comer mis comidas en paz. Me saldrían úlceras, y mi salud se deterioraría. Mi ira no puede cambiar el pasado o mejorar el futuro, así que ¿para qué serviría?”. 

Sin duda, un ejemplo extraordinario de lo que es tener la “piel gruesa”, que presenta las siguientes características:
  • La persona dedica poco tiempo a valorar cualquier posible roce o desaprobación. 
  • Se centra en lo inmediato y, muy especialmente, en aquellas cosas y personas que le satisfacen. 
  • No interpreta por qué una persona habla o actúa de cierto modo. Se limita a evaluar el hecho, de forma positiva o negativa, sin juzgar. 
  • Es capaz de asumir críticas, por si le sirven para mejorar algún aspecto, y de desestimar las opiniones que no le resultan útiles. 

Supuestamente basado en la sabiduría de los toltecas, en el best seller Los cuatro acuerdos Miguel Ruiz dedica uno de ellos al lema: “No te tomes nada personalmente”. 

Según este autor mexicano, hacerlo es una muestra de egoísmo, ya que parte de que todo gira a nuestro alrededor. En su opinión, además, esta manera de abordar la conducta de los demás es totalmente infundada. En sus propias palabras: 

Cada vez que me siento ofendido, trato de levantar el ánimo de tal forma que la ofensa no logre alcanzarlo”. Descartes 

“Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestra propia mente; los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros (…) Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los acuerdos que ha establecido en su mente. Su punto de vista surge de toda la programación que recibió durante su domesticación”. 

Ruiz entiende por domesticación todos los prejuicios e ideas preconcebidas que vamos acumulando a lo largo de la existencia. Y lo peor que podemos hacer ante una persona que nos ofende —de forma objetiva o no— es defender nuestras creencias, ya que con ello sólo lograremos aumentar y prolongar el conflicto. 

“Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida”, afirma Ruiz. “Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá (…) Alguien puede enviarte veneno emocional de forma intencionada, pero si no te lo tomas personalmente, no te lo tragarás. Se vuelve más nocivo para el que lo envía, pero no para ti”. 

La paz interior empieza cuando eliges no permitir que otra persona o evento controle tus emociones”. Proverbio oriental 

Al final, el mundo será tal como se mire, ya que se puede fijar la atención en un amplio espectro de realidades. Cada persona con la que se interacciona es un conjunto de fortalezas y debilidades, es clara en unos aspectos y confusa en otros, acierta o falla en diferentes cuestiones vitales. 

Nuestra relación con el mundo dependerá, por lo tanto, de lo que cada cual quiera ver en el prójimo. Nos podemos quedar con sus mejores virtudes o bien sentirnos heridos y decepcionados por aquella parte de los demás que no cumple las expectativas. 

Tal como afirma Wayne Dyer: “Si eres objetivo, descubrirás que lo que en realidad te ofende es cómo consideras que deberían comportarse los demás. Sin embargo, por sí mismo, el sentirse ofendido no altera los comportamientos desagradables (…) Tu ego insiste en que tienes derecho a sentirte ofendido. Esos juicios derivan de una idea falsa de que el mundo debería ser como tú eres y no como es”. 

Si dejamos de dictar rígidamente lo que los demás deberían sentir, pensar y hacer se pueden evitar muchos enfados y decepciones, y liberar así una energía preciosa para construir relaciones saludables desde la empatía, el humor y la serenidad.

La vida no es siempre justa

“Parafraseando algo que mi maestro Mordecai Kaplan solía decir, esperar que
el mundo te trate bien porque eres una persona honesta es como esperar que el toro no te embista porque eres vegetariano. Me gusta pensar en ello no como una pérdida de inocencia, sino como el principio de la sabiduría, entender que puede que la vida no sea justa, pero nos ofrece toda clase de posibilidades y compensaciones. 

Cuando nos sucede algo malo, nos sentimos castigados por el destino. Podemos llegar a pensar que todo el mundo ahí fuera es feliz y está sano, y que sólo nosotros sufrimos (…), pero nada más lejos de la realidad”. Overcoming Life’s Disappointments, de Harold Kushner.


Autor: Francesc Miralles
Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/10/24/eps/1414167327_661240.html


jueves, 16 de octubre de 2014

UN MOMENTO PARA PERDONAR

Nuestra compañera, Asun Guerra, nos envía este precioso poema sobre el perdón, de Jeff Foster, para compartirlo con vosotros:


No trates de perdonar.
Perdonar no es un “hacer”.

Simplemente acepta que este momento es exactamente como es en este momento.
Y el pasado fue como fue.

Acepta tu falta de aceptación en el presente.
Perdona tu incapacidad de perdonar.
Siente tu aliento, las sensaciones de tu cuerpo, la vida que arde con todo su esplendor en ti.

Todos están soñando o teniendo una pesadilla, luchando con un dolor que quizás nunca llegues a entender.
No tienes que tolerar sus acciones.
Tal vez tu no seas capaz de despertarlos.

No tiene que gustarte lo que ha sucedido.
simplemente suelta la ilusión de que pudo haber sido de otra manera.

No te enfoques en algo sobre lo que no tienes control.
El pasado es una tierra lejana.

Vuelve tu atención a este momento. 
Tu fuente de verdadero poder.
Tu lugar de conexión.

Despierta del sueño.
De que alguien tiene algún poder.
Para quitarte tu paz interior.

Suelta la necesidad de tener la razón.
Abraza la necesidad de ser libre.
Sal de la historia de “mi vida”.

Reclama el momento.
Sé aquí, en tu nueva vida.
Aventúrate en este nuevo día.

Esto es perdonar


domingo, 17 de agosto de 2014

CÓMO DEJAR ATRÁS EL RENCOR

El rencor es un sentimiento desagradable, triste y, sobre todo, injusto. Surge después de que nos hayamos sentido heridos a manos de alguien y vive en nosotros, manteniendo el dolor en el tiempo, cuando quizás quien nos hirió esté tranquilo y sin acordarse de la ofensa.


¿No es injusto que perviva el sufrimiento en el alma por tiempo indefinido? 

El rencor nace tras el dolor para que éste no caiga en el olvido. Puede incluso intensificarlo y servir de excusa a la venganza, que llega para compensar tanto sufrimiento.



¿Lo compensa? 

¿Compensa ver sufrir a quien nos hizo sufrir? Hay que ver cómo corroe el alma el sufrimiento…

No tenemos porqué sufrir más de lo que sufrimos la primera vez ni porqué cederle nuestro valioso tiempo de vida al resentimiento. Guardar rencor es guardar dolor y hoy atisbaremos el camino para liberarnos de él. 

Veamos los 8 consejos para dejar de guardar rencor que aparecen en PsychCentral:


1- Conocer el problema: Obviamente, el primer paso para resolver una situación es conocerla y reconocerla, analizarla. ¿Qué es exactamente lo que nos hace seguir guardando rencor? 

2- Dejar salir esos sentimientos: Compartirlos. Hablar del daño con la persona que lo provocó y, si no es posible, con otra persona que esté dispuesta a escucharnos. Abrir la ventana para que se refresque un poco el alma… 

3- Empatía: En la medida de lo posible, intentar ponerse en el lugar de quien nos hirió. No para justificarlo, sino para comprenderlo. 

4- Aceptación: Uno ha de curarse. No importa si quien nos hirió ni se acuerda de que lo hizo o si, por el contrario, vive con el remordimiento a cuestas. Importa lo que está en nuestra mano, que es lo que sentimos nosotros. Tanto si nos piden disculpas como si no; si nos dan una explicación como si se la guardan. Nuestra decisión de curarnos no estará condicionada por lo que la otra persona haga al respecto.. 

5- Dejar de recrearse en el dolor: Una vez que se ha decidido seguir adelante y curarse, no hay que remover la herida ni escarbar. (Lo mismo que con una herida física.) Si aparece el asunto en una conversación, por ejemplo, lo sano es cambiar de tema. 

6- Quedarse con lo positivo: Incluso de las experiencias más desgarradoras puede sacarse algo bueno. Si se trata de un aprendizaje, ya ha habido un beneficio, que en este caso nos ayudará a comprender mejor otras situaciones en un futuro. Esta actitud también ayuda a liberarse del resentimiento, pudiendo llegar al siguiente paso… 

7- Dejar marchar el dolor: Cuanto más tiempo esté el rencor en nuestra alma, más difícil es el perdón. El rencor nos priva de momentos de felicidad, de paz interior y, por el contrario, puede generar un desasosiego que no le haga ningún bien a nuestra salud. Si ya sufrimos en el pasado, ¿por qué tenemos que seguir haciéndolo? Ésa es la mejor razón para abrirle definitivamente la puerta de salida al rencor. 

8- Perdonar: Perdonar no es lo mismo que olvidar. Si llevamos a cuestas un dolor muy intenso, no lo olvidaremos fácilmente pero el tiempo ayudará a que la herida cicatrice. Perdonar consiste en dejar de pensar en el daño que nos hizo otro. Nadie es perfecto y otras personas tendrán que hacer esto mismo por nosotros: olvidar la ofensa, sanarse, caminar en paz…

Me quedo con la última fase: el perdón. Y sigo pensando que todos tenemos algo que perdonar y por lo que ser perdonados. Dejar de pensar en el dolor para que, poco a poco, la paz nos ilumine. Así es como el rencor desaparece. 

EL DIVÁN SOLIDARIO