jueves, 13 de agosto de 2015

Bostezos, empatía, contagio, ciencia y obsesiones.

Parece ser que el bostezo se contagia. Y que ese contagio está estrechamente ligado a la empatía (no es exclusividad humana). No obstante, ese contagio no es algo de todo o nada.

Según han demostrado investigaciones (resumidas en un artículo de nationalgeographic), somos selectivos en cuanto al contagio. Es decir, discriminamos con quién sí y con quién no. Resulta que este fenómeno se da con mayor frecuencia con personas con las que mantenemos vínculos afectivos relevantes, por tanto, no se puede generalizar a todo caso.
Recordar este hecho es importante porque de lo contrario cometeríamos el error de atribuir rasgos, personalidad o trastorno de la personalidad psicopática a aquellos que no bostezan en respuesta a nuestro propio bostezo. Es más, podríamos cometer falsos positivos y deducir que nuestro amigo/a (quién sea) no es psicópata porque sí podemos contagiarle el bostezo.

Tenemos la tendencia a etiquetar y clasificar conceptos, situaciones, personas... porque eso nos da la falsa sensación de control y seguridad. Sí amigas/os, somos humanos. ¿Quiere decir esto que debemos dudar de todo a lo Descartes? No. Pero todo conocimiento se engloba dentro de un paradigma científico que con el tiempo, se revisará y cambiará...
(véase Kuhn) Casi todo es relativo a algo o está vinculado con algo, ya sea al contexto etc y debemos entenderlo como tal.

En la práctica, he observado cómo las personas se obsesionan con ideas que han leído y que les acaban causando preocupación, ansiedad... Esto nos puede pasar a todas/os, con mayor o menor frecuencia, ojo. Pero si has de “obsesionarte”, “obsesiónate” con no “obsesionarte”.

Recuerdo que un conocido mío, científico, se obsesionó con el tema del contagio del bostezo y con la ausencia del mismo ( no hay estudios concluyentes sobre psicopatía y ausencia de bostezo, pero suele seducir mucho llegar a conclusiones erróneas del tipo si no p significa que p). Como es un poquito paranoico (entiéndase el termino desde la ausencia de patología y con cariño), estuvo una temporada comprobando con familiares, amigos/as, conocidos/as, colegas... a ver si se contagiaban de su bostezo “espontáneo”. Pues bien, yo había leído sobre el tema también y un día mientras hablábamos por teléfono y comentábamos sobre otros temas, en un momento de la conversación comenzó a bostezar ( él creía que su bostezo era verosímil con uno espontáneo pero no), así como el que no quiere la cosa. Yo que ya lo conozco y soy algo “gamberra”... aguanté la risa y me esforcé para no bostezar ( es fácil cuándo no te están viendo físicamente y puedes esconderte tras un teléfono). Estuvo unos días pensando que era una psicópata, pero aprendió una sabia lección. Espero que vosotras/os también.


Autora: Lorena Balderas. Psicóloga, Criminóloga y Colaboradora del Teléfono de la Esperanza de Valencia. 

http://www.balderaspsicologia.ga/

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